Él miró en su dirección y Paula acertó a ver su expresión de sorpresa. Por un momento la joven llegó a imaginar que extendería sus brazos hacia ella y todas sus diferencias quedarían olvidadas.
Pero Facundo permaneció inmóvil, rígido, aparentemente confuso. Luego una joven lo tomó del brazo, y él inclinó la cabeza hacia ella, mirándola con expresión solícita. Paula se quedó donde estaba, muy sorprendida. Facundo le había dado la espalda. De repente se olvidó de todo lo que la rodeaba, Pedro incluido, que la estaba
observando de cerca. Se le encogió el corazón ante el pensamiento de que Facundo hubiera encontrado una pareja tan pronto. Luego la chica en cuestión le sonrió. Era una sonrisa sincera, cariñosa, encantadora. Paula no consiguió ahogar una exclamación. Pedro la oyó, y entornó los ojos con expresión perspicaz.
—Así que es él —le murmuró al oído.
—Él… ¿quién?
—El guaperas con la poquita cosa.
—¿No podríamos cambiar de tema? —inquirió Pau, con un esfuerzo.
—¿Por qué? Sólo estoy aquí para demostrarle que no le importas nada en absoluto. Así que voy a demostrárselo ahora mismo… a no ser que estés asustada.
—Claro que no —se apresuró a replicar.
—Entonces tendrás que agarrar al toro por los cuernos.
—Tienes razón —y se adelantó hacia Facundo, exclamando—: ¡Facundo! ¡Qué alegría verte!
Él también tuvo sus problemas para reponerse de su sorpresa, y Paula comprendió que tampoco había esperado verla acompañada.
—Qué… encantadora sorpresa.
—Pero tú sabías que pensaba venir.
—Sí… er… claro, es sólo que… permíteme que te presente a Penny —y se volvió hacia la jovencita, que le lanzó a Paula una mirada nerviosa, seguida de inmediato por una deliciosa sonrisa.
—Este es Pedro Alfonso —dijo a su vez Paula. Mientras los hombres se daban la mano, empezó a sentirse algo más confiada. Al menos Facundo sabía que no se había quedado sola y deprimida en casa, esperando a que la llamara por teléfono. Deslizó un brazo bajo el de Pedro y lo miró a los ojos, sonriéndole con ostentosa intensidad.
Sintió un absurdo deseo de echarse a reír, como si los dos compartiesen una broma privada que nadie más pudiera comprender. Ni siquiera Facundo.
Facundo fruncía mientras tanto el ceño, incómodo, como si le desagradara el hecho de verla con otro hombre. Pero luego Penny reclamó su atención y tuvo que volverse hacia ella. Paula mantuvo bien alta la cabeza, forzando una sonrisa.
Unas cincuenta mesas redondas llenaban el salón, cada una con ocho comensales. Pau no supo si reír o llorar cuando descubrió que les había tocado en la misma mesa que a Fcundo y a Penny. Estaban casi frente a frente.
—Háblame de Facundo Pieres —le pidió Pedro en un murmullo—. ¿A qué se dedica?
—Posee una pequeña empresa de juguetes electrónicos.
—¿La fundó él mismo?
—No, su padre se la legó.
La cena los mantuvo ocupados durante un rato. Pedro representó su papel a la perfección, atento y sonriente al menor de sus deseos. Luego fue el turno de los discursos. Paula estaba frente al estrado, pero tanto Facundo como Penny tuvieron que volverse, así que pudo observarlos con atención.
Los discursos terminaron y el ambiente se relajó visiblemente mientras la gente se levantaba para visitar otras mesas. Un par de conocidos se acercó a saludar a Paula, y minutos después, cuando quedó otra vez libre, descubrió que Pedro se había sentado más cerca de Facundo y Penny. Facundo le estaba contando algo con expresión interesada, y pedro lo escuchaba con el ceño fruncido, aparentemente concentrado.
—¿Y si alguien me invitara a bailar? —inquirió.
—Los deseos de mi dama son órdenes —repuso Pedro, y la sacó a bailar un vals.
—Pensé que debía rescatarte de Facundo —le dijo a modo de explicación.
—¿Temías que toda esa conversación tan seria fuera demasiado para mí, verdad?
—¿Qué te contó acerca de nosotros?
—Que fue tu gigoló, por supuesto.
—¿No podrías hablar en serio aunque sólo fuera por un momento?
—Te lo contaré seriamente. No estoy seguro de si debo ayudarte a que vuelvas con él. Podrías terminar casada, y entonces, ¿cómo podría perdonármelo?
—¿Qué quieres decir?
—No es el hombre que necesitas. Te pegarías con él cada vez que quisieras mirarte en el espejo.
—¡Qué absurdo!
—No es un absurdo, Pauli…
—No hagas eso —se apresuró a decirle ella—. Sólo Facundo me llama Pauli.
—De todas formas es un nombre que no te sienta bien. Pauli es adecuado para un gorrioncillo, y tú eres como un ave del paraíso.
—No estés tan seguro —declaró con tono ligero—. Podría convertirme en un grajo agresivo.
Pedro se echó a reír. Era una risa vibrante, llena de ricos matices, y varias personas se volvieron para mirarlos, incluido Facundo Inmediatamente Paula forzó una sonrisa mientas fijaba la mirada en su rostro.
—Muy bien —pronunció Pedro, interpretando correctamente su gesto—. Si es a eso a lo que quieres jugar… —la atrajo con fuerza hacia sí, mirándola con expresión ardiente—. Eres maravillosa. Espero que Facundo te valore en lo que realmente vales.
—Por supuesto.
—¿Te ha hablado de matrimonio?
—A su manera —respondió después de un ligero titubeo.
—¿Qué significa eso?
—Con hechos, y no con palabras.
—No te engañes a ti misma, Paula. Tú deseas que te pida matrimonio, y no lo ha hecho. ¿Por eso discutieron?
—Eso no importa.
—Claro que importa. Hasta la medianoche yo seré tu nuevo amante, terriblemente celoso del hombre del que estás enamorada. Porque estás enamorada de él, ¿verdad?
—Completamente.
—Bueno, ¿y de qué discutieron?
Paula no sabía cómo detenerlo; aquel hombre parecía ejercer sobre ella un poder hipnótico que hacía que le pareciera natural contestar a sus preguntas. Pero le resultaba difícil analizar aquella discusión porque ni siquiera estaba segura de su verdadero motivo. Habían estado hablando de un problema que Facundo había tenido con su empresa. A ella la solución le había parecido obvia, y se había sentido muy contenta de ayudarlo, pero de repente él había empezado a mirarla de una manera muy extraña…
—¿Tú sabes más de esto que yo, verdad? —le había preguntado él con tono suave.
Incluso entonces Paula no había visto el peligro, y había replicado alegremente:
—Es algo en lo que tiene que ver mi abuelo, ese viejo granuja. Algo se me ha pegado. Mira, querido, lo que tienes que hacer es….
Pero Facundo la había interrumpido en ese mismo momento, acusándola de entrometerse en sus asuntos. Paula lo había negado, indignada, y la situación empeoró aún más. Para cuando se separaron, casi se había olvidado del desacuerdo original.
—No tiene nada que ver con el matrimonio —le dijo finalmente a pedro.
—Me alegro. Te mereces un hombre mejor que Facundo Pieres
—¡No me digas eso! —se apresuró a protestar.
—¡Bien hecho! Me gusta ese brillo que se te pone en los ojos. No te molestes en mirarlo a él: arruinarías el efecto. Concéntrate en mí. Creo que eres formidable, y además tienes valor y coraje.
—¿Siempre les dices esas cosas a tus clientas?
—¿Mis…? Bueno, es cierto que no lo hago tan a menudo —repuso Pedro, recuperándose de su distracción—. Tiendo a espetarle a la gente la cruda verdad en vez de susurrar dulces necedades. Sonríeme. Nos está mirando.
Paula le regaló una deslumbrante sonrisa y Pedro se la devolvió.
—Muy bien —murmuró—. ¿Sabes? Eres aún más bonita cuando te enfadas.
—Oh, vete al diablo —replicó, dándose por vencida y riendo a su pesar.
—Con mucho gusto, pero abrazado a ti. Bailando contigo, sería capaz de descender a los infiernos y luego volver —desvió la mirada hacia Facundo, y susurró con una sonrisa en los labios—: Has conseguido preocuparlo de verdad.
—¿A quién?
—A Facundo. ¡No me digas que te has olvidado de ese pobre infeliz!
—Claro que no —replicó Paula con demasiado apresuramiento. Era cierto que se había sentido tan intrigada por la personalidad de Pedro, que por un momento había dejado de pensar en Facundo.
—Démosle un buen motivo de preocupación —sugirió Pedro, acercándola más hacia sí—. Me encanta el diseño de tu vestido.
Paula sabía que se estaba refiriendo a su pronunciado escote, y para desmayo suyo, empezó a ruborizarse.
—Eres la mujer más bella de este salón —continuó él.
—Deja de decirme esas cosas —susurró Paula.
—Me pagan para decirlas —le recordó.
Paula se quedó sin aliento. Había caído presa del encanto de aquel hombre… y todo había resultado ser un engaño. Sus cumplidos y sus atenciones no tenían significado alguno.
—Bueno, dado que estás bajo mis órdenes —le dijo con voz temblorosa—. Te ordeno que no sigas por ese camino.
—Me contrataste para ponerle celoso a Facundo Pieres, y eso es precisamente lo que voy a hacer.
—Te contraté como un simple complemento, para que resultaras útil a mi empresa —le dijo apresurada, recordando lo que le había dicho Gonzalo.
—Tonterías. Es Facundo quien te preocupa. Aunque el motivo sigue siendo un misterio para mí.
Le levantó delicadamente la barbilla, y ella no pudo resistirse; de repente el corazón empezó a latirle acelerado. Intentó ignorar sus propias sensaciones y recordar solamente que aquel hombre estaba representando su papel. Pero fue inútil; era como si estuviera flotando en un sueño. Aquel tipo arrogante tuvo entonces la desfachatez de pasarle la punta de los dedos por los labios. paula emitió un tembloroso suspiro, asombrada de las sensaciones que él le estaba suscitando. Tenía que detenerlo. Pero no hizo nada; ni siquiera podía hablar. Sentía su leve contacto en los labios, a lo largo de su mejilla y descendiendo por su cuello. Luego la acercó más hacia sí para besarla en la boca, y Paula tuvo la devastadora impresión de que no ejercía control alguno sobre sí misma. Perdió todo sentido del tiempo y del espacio. Era como si estuviera bailando en los cielos un vals que fuera a durar toda una eternidad. El corazón le latía con tanta fuerza que apenas podía respirar.
—Deberías soltarme —musitó.
—Si dependiera de mí, jamás en la vida te soltaría —murmuró Pedro—. Te arrastraría fuera de aquí, a algún lugar donde nadie pudiera encontrarnos, para descubrir el tipo de mujer que eres realmente. Y la respuesta podría sorprenderme tanto como a ti.
—¿Cómo te atreves…?
—Extraño, ¿verdad? Pero yo ya te conozco como jamás te conocerá Facundo. Sé lo que quiero de ti, mucho más de lo que nunca podría desear él.
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Capitulo tres!!
Gracias por leer! ♥
Hermoso capítulo!! Me encantó!! Ojalá pronto se de cuenta Paula que Pedro es el "hombre q ama" y se olvide de Facundo
ResponderEliminarAY QUE LINDO
ResponderEliminarwow buenísimo!!! seguí subiendo!!!
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