miércoles, 19 de marzo de 2014

"SEDUCIENDO A LA NIÑERA" CAPITULO 2



POR el rabillo del ojo, Pedro Alfonso vio a una mujer elegante del otro lado del bar y se dio cuenta de que la conocía. Le sonrió y agitó la mano.

—¿Otra fan? — Jake Stanley sonrió—. ¿Cómo demonios lo haces?

Pedro tomó unos cacahuetes del cuenco que había en el centro de la mesa alta y se los llevó a la boca.

Ver antiguas amigas sólo reforzaba la idea de por qué le costaba tanto salir con mujeres. Le gustaba la compañía pero las mujeres siempre querían más. Brenda era un ejemplo perfecto. Aunque le había asegurado estar entregada a un estilo de vida de soltera, un par de meses más tarde había cambiado de discurso.

Suspiró y miró alrededor del bar. Aunque era jueves por la noche, el sitio estaba lleno de mujeres de las oficinas cercanas. Sospechó que era el motivo por el que Jake había insistido en que fueran.

«Buscar amor en todos los lugares equivocados...». por algún motivo, las palabras de esa vieja canción aparecieron en la cabeza de Pedro. Pero no encajaban con su vida. Lo último que él buscaba para esa noche, o cualquier otra noche, era amor—La verdad era que no le gustaba estar en el circuito de las citas. Pero cuanto más tiempo permanecía con una mujer, más parecía querer, más parecía necesitar. Aún tenía que encontrar a una que se contentara con mantener algo casual.

Bebió un sorbo de cerveza. No tenía riada en contra del matrimonio. Le había encantado estar casado con Melody. Desde la primera vez que había posado la vista en aquella vivaz rubia, había sabido que era ella. Cuando los dos dijeron «sí, quiero», felizmente había planeado pasar el resto de su vida con Melody. Sintió que se le atenazaba el corazón.

Desterró los recuerdos y sonrió al pensar en su hija. De todas las cosas que más valoraba en la vida, la pequeña de seis años figuraba en primer lugar. Y agradeció la presencia de Paula.

Hacía tres años que era la niñera de Emma y sabía que la quería como si fuera una hija propia— Había hecho de la casa un hogar para los dos.

«Hasta que encuentre a un hombre y decida marcharse», dijo una voz en su cerebro.

«Paula no me dejaría».

Le sorprendió la emoción que evocó ese pensamiento. Iba a decirse que Paula ni siquiera salía con hombres cuando se detuvo otra vez. Hacía poco había habido un chico...

Le había sorprendido que ella mencionara de pasada que iba al cine con alguien que había conocido en su club de cocina. En todos los años en los que había vivido bajo su techo, no recordaba que hubiera salido con nadie. Nunca le había parecido el tipo de mujer dada a las citas.

No era que fuera fea o algo por el estilo. Todo lo contrario. Con su cabello castaño, sus ojos verdes y esas pecas que le cruzaban la nariz, tenía ese aspecto natural y americano que a cualquier hombre le resultaría atractivo. Y era inteligente. Así como siempre tenía una opinión sobre los últimos acontecimientos, también le gustaba escuchar. Cualquier hombre sería afortunado de tenerla como amiga o esposa.

Sintió un puño que le oprimía el pecho. Si se marchara, él se quedaría perdido. Nunca encontraría a otra niñera como Paula. Quizá tuviera que recurrir a lo que muchas veces le había sugerido Jake y volver a casarse. Experimentó un escalofrío.

Desde los quince años, Melody  había sido la única mujer que había querido en su vida. Su esposa había sido hermosa, inteligente y una estrella creciente en el mundo de la moda con sus diseños innovadores. Durante los primeros cinco años de su matrimonio, la vida había sido maravillosa. Las carreras de ambos habían florecido y la casa antigua que habían comprado en Lincoln Parle era perfecta para una familia que iría a más.




Pero después de nacer Emma, Melody había decidido que no habría más hijos. Adoraba a su hija, pero el embarazo había sido difícil y Emma era un bebé quisquilloso. Y cuando su nueva línea de ropa despegó como un cohete, su carrera comenzó a exigirle más de su tiempo y energía.

A regañadientes, él había aparcado su sueño de una familia numerosa, aunque no lo había abandonado por completo. Cuando Emma cumplió los dos años. había convencido a Melody de tener otro hijo, prometiéndole que dispondrían de una niñera a tiempo completo. Sintió una oleada de culpabilidad, mezclada con una abrumadora sensación de pérdida. Daría cualquier cosa por poder dar marcha atrás y decirle a Melody que no le importaba tener otro hijo, que sólo le importaba tenerla a ella en su vida.

—Recuerda mis palabras, sucederá —Jake, que parecía disfrutar de su papel de profeta agorero, devolvió a Pedro al presente con su vaticinio de boda para Paula—. Es simple cuestión de tiempo.

—Paula no va a casarse —aunque no creyera plenamente en esas palabras, pronunciarlas en voz alta hizo que se sintiera mejor.

No podía marcharse. Dependía de ella para mantener en perfecto funcionamiento toda su casa. Y realmente le gustaba tenerla cerca. En el último par de años se habían hecho buenos amigos. No podía imaginar lo que sería no tenerla en casa.

—Se casará —Jake asintió para resaltar sus palabras—. Es preciosa, de un modo ligeramente regordete. Si perdiera algunos kilos, yo mismo podría estar interesado en salir con ella.

A pesar de conocer la predilección de su amigo por las mujeres delgadas como modelos, el comentario le crispó. Quizá porque sabía la lucha que mantenía Paula con el peso y lo consciente que era de esos kilos extra que la hacían más curvilínea que flaca.

—A Paula no le hace falta perder ni un gramo — afirmó—. Y aunque quisieras salir con ella, te conozco demasiado bien como para dejar que sucediera.

Jake simplemente rió.

—¿Puedo ofrecerles unas alitas? —el camarero se inclinó y deslizó la segunda copa delante de Jake.

El estómago de Pedro crujió y se dio cuenta con sorpresa de que hacía horas que había comido. Miró el reloj y soltó un juramento. Metió la mano en el bolsillo, sacó un par de billetes y los dejó sobre la mesa.

—Yo quiero una ración de alitas asadas —Jalee le dijo al camarero antes de mirar a Pedro. Enarcó una ceja—.¿Te vas?

—Llego tarde —recogió el maletín y se puso de pie—. Paula tendrá la cena puesta ya.

—Lo olvidé — Jake se reclinó en la silla con expresión inescrutable—. Super Chaves lo hace todo... limpia la casa, cuida a la niña y te prepara las comidas. Si pudieras lograr que se desnudara, lo tendrías todo.

Pedro soslayó ese comentario grosero, y el deje de envidia en el tono de su amigo, y simplemente sonrió.

Era verdad. Paula le tenía preparado el desayuno cada mañana y la cena cada noche. La casa siempre estaba impecable y, cuando recibía a amigos, ella trabajaba entre bambalinas para cerciorarse de que no quedara ni un detalle sin cubrir. Y lo mejor de todo, cuidaba de Emma como si fuera hija propia.

Mientras Paula estuviera en su casa, todo iría bien en su mundo.

—La cena ha estado fabulosa, Paula —Pedro se limpió las comisuras de los labios con (a servilleta de algodón y soltó un suspiro satisfecho—. Y ese postre...

—Estaba bueno, ¿verdad, papi? —los ojos azules de Emma centellearon como siempre que su padre se hallaba en la misma habitación que ella.

—Desde luego que sí, princesa —le dedicó una sonrisa cariñosa—. Paula es una gran cocinera.

Paula apartó la silla y se incorporó, incapaz de contener el rubor de placer del cumplido. No había nada con lo que disfrutara más que probando recetas nuevas.

Aunque ella no se había permitido ni un mordisquito de la tarta de melocotón. Su nuevo mantra era Un Momento En Los Labios, Siempre En Las Caderas.

—¿Queréis algo más antes de que empiece a recoger la mesa? —miró a Pedro y luego a Emma.

—No, gracias —repuso la pequeña.

Paula le dedicó una sonrisa de aprobación. En los últimos meses había estado trabajando los modales con Emma, y era evidente que empezaba a dar frutos.

—¿Y tú? —miró a Pedro. Llevaba tres años en la casa y tenía la firme convicción de que lo conocía mejor que lo que él se conocía a sí mismo. Como en ese momento, en que no pudo evitar ver las señalas de fatiga alrededor de sus ojos. Últimamente había estado trabajando demasiado... y descuidando la vida social.

El viernes anterior, había permanecido despierta en la cama hasta la una de la mañana, esperando que Pedro llegara a casa antes de quedarse finalmente dormida. No estaba segura de la hora a la que había llegado, pero a la mañana siguiente había aparecido a la mesa a las ocho, listo para llevar a Emma al zoo tal como le había prometido. El sábado por la noche no había salido. Todos habían ido al parque a celebrar un picnic, para luego regresar a casa y jugar a diversos juegos de tablero en el porche hasta que llegó la hora de acostarse.

Estar en casa un sábado por la noche había representado una de las señales de que otra de las relaciones de Pedro había llegado a su fin. No le había sorprendido. Melinda los había estado visitando mucho y tratando de ganarse a Emma. Paula podría haberle comentado que esa conducta le conseguiría todo lo opuesto de lo que pretendía. Si una mujer quería mantener el interés de Pedro Alfonso, debía actuar como si no le interesara. Ésa era la razón por la que había mantenido los labios bien cerrados sobre el creciente deseo que despertaba en ella. Por lo que a él se refería, Paula no quería otra cosa que una simple amistad. Era su ama de llaves, la niñera de su hija y su amiga.

De vez en cuando, se confiaba con ella, sabiendo que lo que decía jamás saldría de labios de ella. Disfrutaba de esos momentos y de la proximidad que...

—La Tierra a Paula.

La voz de Pedro quebró su ensimismamiento.

Alzó la vista sobresaltada y vio que tanto Emma como él la miraban fijamente.

Emma soltó una risita.

—Estabas en el espacio.

Paula parpadeó y notó que se sonrojaba.

—¿En qué pensabas? —preguntó Pedro con un destello de curiosidad en los ojos—. Tenías una sonrisa muy interesante en los labios.

«Pensaba en ti».

Las palabras subieron con vida propia hasta su lengua y cuando Emma volvió a soltar una risita, durante un segundo Paula temió haberlas pronunciado en voz alta. Buscó una explicación plausible.

—Pensaba en Esteban.

—¿Esteban? —Pedro frunció el ceño—. ¿Quién es?

—Es su novio —afirmó Emma—. Paula y Esteban sentados en un árbol, BESÁNDOSE. Primero llega el amor...



—¿Estabas besando a un hombre? —la expresión pasmada de Pedro habría sido graciosa en cualquier otro momento—. ¿Delante de Emma?

—Claro que no —aseveró con rapidez, sonrojándose otra vez. Miró a Emma—. Y Esteban es mi amigo, no mi novio.

—Hoy hablaste largo rato por teléfono con él — dijo Emma—. Y sonreías al colgar.

—Es mi amigo — enfatizó. Miró a Pedro—. Te he hablado de él. Es un chico de mi club de cocina. Intercambiábamos recetas de lasaña.

—¿Recetas de lasaña? —en el rostro de Pedro apareció el hoyuelo.

—Así es — Paula enarcó una ceja—. ¿Es que eso te resulta divertido?

—En absoluto —repuso él con suavidad—. Creo que es agradable que tengáis tanto en común.

Paula frunció el ceño, sin saber si hablaba en serio o si se burlaba de ella.

—A los dos nos gusta cocinar —repuso al fin.

—Los dos lleváis saliendo ya... ¿cuánto, dos meses? —preguntó él como con indiferencia.

—Algo así —respondió Paula. Seguía sin pensar en Esteban como en un novio, ya que hasta hacía poco, casi todas las «citas» habían girado en torno a la cocina.

Algo centelleó en el fondo de los ojos de Pedro, pero permaneció en silencio.

Inesperadamente, Emma miró a Paula.

—¿Lo quieres como mi papá quería a mi mamá?

La pregunta la pilló por sorpresa y respondió con sinceridad.

—No, no lo quiero así.

—¿Crees que podrías amarlo? —preguntó Pedro.

—No lo sé —repuso al darse cuenta de que Pedro esperaba una respuesta—. Supongo que todo es posible.

Pedro arropó a Emma, emocionado por la niña perfecta que Melody y él habían creado. La quería con una intensidad que lo dejaba sin aliento y el corazón se le partía al pensar en todo el dolor que había tenido que soportar en su breve vida. Todo por su egoísta deseo de darle una hermana o un hermano.

—Buenas noches, princesa —le dio un beso en la mejilla. Era su prioridad y nada le importaba más que garantizar la felicidad de la pequeña—. Te quiero.

—Yo también te quiero, papi.

—Paula subirá en un momento para darte las buenas noches —sintió un nudo en el estómago. Por lo general, la arropaban juntos. Pero esa noche, Esteban la había llamado y Paula les había dicho que fueran sin ella.

Una lágrima cayó por la mejilla de Emma, que frunció el ceño. Con sus enormes ojos azules y su cabello de color miel, cada día se parecía más a su madre.

Pedro sintió un nudo en la garganta.

—¿Qué pasa, cariño?



El labio de la pequeña tembló y derramó unas cuantas lágrimas más. Aunque Pedro quería aliviarla de cualquier cosa que la aquejara, se obligó a esperar. Ya había aprendido que no se podía presionar a Emma. Cuando estuviera lista, le contaría lo que le molestaba. Entonces él la aliviaría.

—¿Paula va a casarse con Esteban?

Las palabras lo golpearon como un puñetazo en el pecho. A él tampoco le gustó la idea de que pudiera casarse con Esteban, pero, de algún modo, logró mantener la sonrisa en los labios.

—Dijo que sólo eran amigos. ¿Recuerdas?

—Pero a veces los amigos pueden casarse — Emma se incorporó sobre los codos—. Cuando la abuela Ann se casó con el abuelo Hal, dijo que era su mejor amiga.

La madre de Pedro llevaba varios años viuda cuando ella y su buen amigo Hal habían decidido dar ese paso. No era el amor romántico que su padre y ella habían compartido, pero se sentían contentos juntos. Aunque pudiera explicarlo de forma adecuada, no estaba seguro de que una niña de seis años lo entendiera.

—Papi —la voz de Emma tembló—. Paula no va a casarse con él y dejamos, ¿verdad?

Pedro apretó la mandíbula ante el pensamiento de que su hija tuviera que soportar otra pérdida. Pero sabía que Emma no sería la única en sufrir. Si Paula se marchara, dejaría un hueco en las vidas de ambos.

—No va a marcharse —abrazó a su hija y le dio un beso en el pelo—. No si yo puedo hacer algo al respecto.



La determinación que había en su corazón se manifestó en su voz. No le importaba el precio. Haría lo que fuera necesario para mantener a Paula en su casa... y a Emma feliz.





2 comentarios:

  1. Me encanto el cap!!! Ansiosa x que pepe sw de cuenta que siente algo por ella. Gracias por subir. Espero el proximo :)

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