miércoles, 20 de noviembre de 2013

"AMOR DE ENCARGO" CAPITULO 19



Pedro había querido separarla de Facundo por sus propias e inescrupulosas razones, y cegada por eso, había pasado por alto aquella simple verdad. Pedro siempre la había comprendido mejor que nadie.

No podía casarse con Facundo. Lo apreciaba demasiado para hacerle eso. Debía romper su compromiso, y luego decirle a Vicente que se retiraba de la empresa. Si él le pedía las acciones que antaño le había dado, se las devolvería con mucho gusto, y de alguna forma le haría comprender que había llegado la hora de que reclamara para sí una vida propia. Y en cuanto a qué vida pudiera ser la que llevara, era demasiado pronto para decirlo. Aunque sabía que los animales abandonados encajarían en ella de una u otra manera. ¿Y Pedro? Sencillamente ignoraba lo que sucedería entre ellos, pero se enfrentaría a él como la mujer libre que era: libre y fuerte, como él mismo le había demostrado que podía ser. Todos aquellos pensamientos fulguraron en su mente con la rapidez del rayo. Y tomó la decisión antes de que los demás pudieran preguntarle por su aspecto abstraído y concentrado.

—Vicente, ¿llevas el móvil contigo? —le preguntó sin aliento.

—Por supuesto que no. ¿Cómo iba a llevarlo a una boda?

—¡Pare el coche! —le gritó al chófer.

Salió apresurada y corrió a la cabina telefónica más cercana. Debía localizar a Facundo antes de que abandonara su casa. Pero fue su madre la que descolgó, cuando ya estaba preparada para salir.

—Hace una hora que ha salido Facundo —le explicó—. Me dijo que nos veríamos allí.

Paula volvió apresurada al coche.

—Todavía no puedo decirles nada —se disculpó—. Es sólo que… lo siento, no puedo decirles nada.

Pensó que Facundo tenía derecho a saberlo primero, antes que nadie. ¡Pero ojalá no hubiera sido en el registro civil! Absorta como estaba en sus pensamientos, no fue consciente de la mirada de complicidad que Vicente y Carolina intercambiaron, ni de la manera en que cruzaron los dedos. Cuando llegaron a la oficina, a Paula le latía el corazón aceleradamente. La siguiente media hora iba a ser muy difícil, pero ya no se echaría atrás. Aunque sólo fuera por no perjudicar al pobre Facundo.

Algunos familiares de facundo ya habían llegado, y su madre no tardó en aparecer, con aspecto nervioso.

—Creí que iría en el coche, conmigo —le explicó—. Pero de repente me dijo que tenía algo importante que hacer primero. Oh, querida, espero que esté aquí pronto…

Se produjo una pequeña conmoción cuando de repente se abrió la puerta, pero fue Pedro quien entró. Su expresión era tensa y reservada, y por un momento Paula pensó que se dirigiría hacia ella para ayudarla; al ver que no lo hacía, sino que se mantenía distante, comprendió que no intentaría impedir su matrimonio. De pronto recordó algo. El propio Pedro le había dicho que era lo suficientemente fuerte como para hacerlo sin su ayuda, y ella le demostraría que había tenido razón, por mucho que le doliera.

Pero pasó la hora de la boda, y Facundo seguía sin llegar. Paula estaba asombrada, ya que sabía que era puntual como un reloj. En un determinado momento se levantó un rumor entre la pequeña multitud reunida. Volviéndose, Paula vio a Facundo en el umbral, pero no como había esperado verlo. No iba vestido para la ceremonia, y tampoco estaba solo.

Penny se hallaba a su lado, tomándolo de la mano. Pálidos y tensos, la novia y el novio se miraron fijamente. Fue él quien habló primero.

—Lo siento, Paula —le dijo—. No puedo casarme contigo. Estoy enamorado de Penny.

Aquellas palabras parecieron quedar suspendidas en el aire, flotando en el silencio que siguió. Paula seguía mirándolo con fijeza, inconsciente de la mirada de triunfo que intercambiaron Pedro y Vicente.

—Paula —le suplicó Facundo—. Por favor, di algo.

De pronto, y para su sorpresa, Paula se lanzó a abrazarlo ebria de alegría, inmensamente aliviada.

—Estoy tan contenta… —sollozó—. Oh, facundo estoy tan contenta…

—¿Cómo?

—Yo tampoco quería seguir adelante con esto —le confesó—. Nunca debimos habernos comprometido. Todo fue culpa mía. Intenta perdonarme…

—Eres la mujer más generosa del mundo —le dijo él, aliviado—. Demasiado generosa para mí. Creo que empecé a enamorarme de Penny desde aquella noche de la cena de gala, pero al principio no estaba seguro. Luego, cuando nos quedamos encerrados en la isla juntos…

—¿Penny estaba contigo?

—Tu abuelo se olvidó de proporcionarme unos documentos muy importantes, así que Penny tuvo que ir allí a entregármelos. La misma noche que llegó me robaron el coche, y tuve que apoyarme en ella para…

—Por supuesto —murmuró Pedro con tono irónico.

—Y lo que sentíamos el uno por el otro era tan fuerte que yo… —miró a Penny, que le apretaba la mano como dándole ánimo—… que nosotros decidimos ser sinceros acerca de ello.

—¡Qué sabiduría! —exclamó Pedro, sardónico—. No hay nada como esperar a hacerlo en el último momento.

—¿Quieres callarte? —le pidió Paula, clavándole un codo en las costillas. Se sentía inmensamente aliviada, pero su gozo estaba mezclado de decepción. Pedro no había intentado impedir su matrimonio. En cierto sentido, poco había cambiado.


Facundo aprovechó aquel momento para dar las explicaciones necesarias a su madre, que se había quedado paralizada de sorpresa. Gonzalo y Carolina, mientras tanto, se abrazaban de alegría, y Paula descubrió desconcertada cómo Pedro y vicente se felicitaban mutuamente, riendo.

—El zorro aún sigue ejerciendo su astucia, después de todo —declaró Vicente, triunfante—. Lo hice.

—Lo hicimos —lo corrigió Pedro, mirando de reojo a Paula—. Voy a necesitar mi parte correspondiente del mérito. Aunque admito que la idea fue tuya.

—¿De qué están hablando los dos? —exigió saber Paula.

—Me sorprende que nos lo preguntes —le dijo Pedro—. ¿Realmente creías que no iba a intentar sabotear tu boda?

—¿Pero qué es lo que hiciste? —le preguntó ella, con el corazón en un puño.

—Le proporcionamos a Facundo la oportunidad de descubrir que realmente amaba a Penny.

—Yo lo envié a Escocia a propósito —añadió Vicente—. Y luego hice que Penny fuera a buscarlo… inventándome esa historia de los archivos.

—¿Pero el coche robado?

—Eso fue lo más fácil de todo —le comentó Pedro—. El «ladrón» trabajó para mí muy eficazmente, ya que contaba con el otro juego de llaves que yo le había proporcionado con permiso de Gonzalo. Así que simplemente se marchó con él sin problemas. Se lo llevó la misma noche que llegó Penny, lo guardó en un garaje privado y lo dejó allí una semana entera. Luego sólo tuvimos que esperar a que tu prometido superara sus escrúpulos morales…

—Algo que tú nunca has tenido, por cierto —le recriminó Paula.

—Nunca los he tenido cuando se trataba de tomar lo que quería —convino él—. Pero tú estuviste a punto de vencerme con tu loca obstinación….

—¿Yo? Si crees que…

—Cállate, por favor, y bésame —le dijo Pedro, estrechándola firmemente entre sus brazos....


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y bue... espero que les guste!!
se esperaban que Facundo sintiera cosas por Penny? Mmmm

mañana el final!!! Gracias por leer!!! ♥



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