sábado, 2 de noviembre de 2013
"AMOR DE ENCARGO" CAPITULO 8
—Quizá —levantó su copa a modo de brindis, inconsciente de la expresión provocativa de su mirada.
—No deberías mirar a un hombre así a menos que vayas en serio —le dijo Pedro.
—Sólo estaba brindando por tu perspicacia. Creo que me comprendes bastante bien.
—No del todo. No entiendo lo de Pieres. ¿Qué clase de poder ejerce sobre ti para transformarte en una seductora sirena?
—¿Piensas que soy una seductora sirena? —se burló, riendo.
—Sabes lo que pienso de ti, Paula, y creo que se trata de algo mutuo. Sigue estando ahí, a pesar de tu amante. Porque Pieres es tu amante, ¿no?
La pregunta la tomó por sorpresa. Por un momento se quedó sin palabras, y Pedro añadió:
—No me refiero a después de la discusión, sino a antes de eso. ¿Ha sido tu amante?
—No voy a discutir de mi vida amorosa contigo… —empezó a decir ella.
—Me parece una sabia decisión. Yo preferiría que hiciéramos el amor.
—Bueno —repuso Paula, casi sin aliento—, no vamos a hacer el amor…
—En cierto sentido, eso es precisamente lo que estamos haciendo ahora, y lo sabes. A pesar de lo que digamos, hay algo más bajo la superficie, algo que tiene que ver con lo que sucedió entre nosotros la primera vez. ¿Recuerdas nuestro beso de despedida? ¿Puedes olvidarte de eso? Porque yo no.
—Estás equivocado; yo sólo deseo a Facundo. Por eso me llevé un disgusto tan grande cuando creí que lo había perdido.
—Ya, recuerdo algunos detalles de tu… disgusto —replicó Pedro, malicioso, y añadió al ver su expresión indignada—: Creo que en este mismo momento serías capaz de abofetearme. Pues adelante y sigamos con… ¿Qué es eso?
—¿Dónde? —inquirió sorprendida.
—Allí.
Un murmullo de voces se levantó entre los árboles, y entonces aparecieron dos figuras: una alta y espigada, la otra ancha y maciza, recortadas contra la luz coloreada de los focos.
—Rápido —le dijo Pedro, tomándola de la mano y arrastrándola consigo a las sombras, fuera del puente.
Escondidos detrás de un árbol, pudieron ver a Gonzalo y a Carolina paseando con lentitud por el puente, de la mano. La voz de Gonzalo llegó hasta ellos; era un murmullo bajo e íntimo:
—Por supuesto que un especialista de la Comisión de Monopolios podría bajar el precio de las acciones, de manera que habría llegado la hora de comprar, pero sólo si…
Y pasaron de largo. Pedro y Paula se miraron estupefactos. Luego, al unísono, procuraron ahogar una carcajada.
—No puedo creerlo… —pronunció ella—. Ni siquiera de Gonzalo…
—Mi pobre Caro… Nunca me perdonará esto…
—Una noche tan romántica —comentó Paula, riendo de nuevo—, y a Gonzalo sólo se le ocurre hablarle de acciones. ¡Oh, cielos! Creo que si sigue así jamás seré tía…
La tensión anterior había desaparecido, y continuaron paseando al borde del agua hasta que se sentaron en un rústico banco de la orilla.
—Creo que ya es hora de que planifiquemos cuidadosamente nuestra separación —pronunció Paula—, para que nuestras acciones respectivas no se hundan de repente.
—¡Hey, espera! Todavía es muy pronto para hablar de separación…
—Pero esto no puede seguir así…
—No es tan sencillo como tú crees. Necesitamos que la gente nos vea juntos una vez más. Pasado mañana tendrá lugar un encuentro de accionistas organizado por Dellacort. Ambos tenemos acciones en la empresa, así que será completamente natural que nos presentemos juntos.
—No sé…
—Facundo también es accionista —añadió Pedro, mirándola con expresión maliciosa—, así que probablemente se presente también. Piensa en las posibilidades, Paula. Nos verá juntos, tú le dirás que simplemente se trata de un asunto de negocios, mostrándote al mismo tiempo un tanto evasiva, de manera que con algo de suerte te enviará un ramo de rosas esa misma noche.
—Eres muy experto en estas lides.
—La gente me considera un hombre terriblemente manipulador.
Su sonrisa era irresistible, y Paula no pudo menos que sonreír a su pesar.
—Bueno, de todas formas iba a acudir a ese encuentro. Y si eso sirve para ejercer el efecto adecuado sobre Facundo, supongo que podré salir contigo durante unas horas más.
—Paula —pronunció admirado—, cuando hablas de esa manera, ningún hombre podría jamás resistirse a tus encantos.
—Pero escucha una cosa, Pedro. Después de esto, pondremos punto final a esta situación.
—Ya veremos; puede que se me ocurran otras ideas. Ten cuidado con tu copa; sería una pena que te estropearas el vestido, teniendo en cuenta lo bien que te sienta.
—No cambies de tema.
—Tus encantos son el tema, al menos por lo que a mí respecta. Por las noches no puedo dormir soñando con ellos. He perdido el apetito y me estoy convirtiendo en una sombra de lo que era antes…
—Ya, claro —se burló ella—. Estás demasiado satisfecho de ti mismo para perder el sueño o el apetito.
—Cierto, pero pensé que sería la frase más adecuada en estas circunstancias. Y deja de flirtear conmigo mirándome así. Yo no soy Facundo Pieres para que me tientes de esa forma.
Paula se echó a reír; se sentía alegre y confiada.
—Creo que no podría tentarte ni aunque quisiera.
—Sólo si yo te dejara.
—La otra noche, mientras bailábamos, ¿acaso no te dejaste tentar? —le preguntó ella.
—La otra noche estaba representando un papel.
—No durante todo el tiempo. Yo era la única que estaba actuando, en beneficio de Facundo.
—¿Incluyendo aquella sutil caricia en la mejilla, justo por el lado en que Pieres no podía vernos?
—Eso fueron imaginaciones tuyas —se apresuró a replicar Paula.
—Soy un hombre de muy escasa imaginación. ¿Y qué pasa con la compañera de Facundo? ¿También estaba actuando?
—Es su secretaria; acompañarlo en ese tipo de actos forma parte de sus obligaciones.
—Sinceramente, creo que deberías preocuparte al respecto.
—Conozco a Facundo mejor que tú.
—No conoces en absoluto a los hombres, Paula; si así fuera, no habrías salido a dar un paseo conmigo por el jardín a la luz de la luna. Y habrías sabido que no me conformaría con separarnos sin un beso.
Paula había previsto aquello, desde luego, pero el orgullo le hizo decir:
—Me vuelvo a casa ahora mismo.
—No hasta que me hayas besado. Quiero asegurarme de que no me falla la memoria.
Paula intentó desviar la mirada de sus ojos, pero no pudo. Contra su voluntad, su memoria evocaba sin cesar recuerdos que ansiaba poder olvidar para siempre.
Bruscamente se levantó del banco y empezó a caminar. Pedro la siguió y la detuvo, tomándole ambas manos.
—Escucha, Paula —le pidió con tono suave—. Tú me inspiras sentimientos que no sabía que existían. Si hubiera sabido con anterioridad cuáles eran esos sentimientos, te juro que me habría asustado. E incluso sabiendo que todo esto no es más que una ilusión…
Se había detenido bajo un gran roble. Paula apoyó la espalda en el tronco y contempló la luna y las estrellas por entre las ramas. Todo el universo parecía girar en su torno, sobre su cabeza, mientras la brisa hacía murmurar a las hojas.
—Algunas ilusiones son más fuertes que la realidad —pronunció con tono suave.
—¿Tú sientes eso también?
—Pero no son tan duraderas. Ya volverás a aterrizar.
—¿Y tú?
—Yo nunca he despegado de la tierra —declaró, consciente de que mentía.
—Uno de nosotros es un gran farsante —dijo Pedro, mirándola intensamente—. Me pregunto quién.
—Probablemente nunca lleguemos a saberlo.
—Lo sabremos un día. Esperemos que no sea demasiado tarde.
Apoyó entonces las manos en el tronco, a cada lado de su cabeza. Su cuerpo presionaba muy ligeramente contra el de ella, aprisionándola. Y cuando vio que se disponía a besarla, Paula levantó la mirada, sonriendo, dispuesta a recibir aquel beso…
Pero entonces algo sucedió de repente. El mundo entero pareció desplazarse, cambiar su perspectiva, haciéndola preguntarse qué estaba haciendo allí, jugando a aquellos juegos amorosos, cuando Pedro no era el hombre al que realmente amaba. Era Facundo, con su dulce naturaleza y su delicada sonrisa, el dueño de su corazón, porque le había ofrecido el suyo. Y dudaba que Pedro Alfonso tuviera corazón alguno que ofrecerle.
Justo en el momento en que los labios de Pedro estaban a punto de rozar los suyos, Paula ladeó la cabeza. Pedro se detuvo entonces, mirándola con los ojos entrecerrados. Acertó a distinguir el leve temblor de sus labios y el brillo de su mirada bajo las pestañas, y comprendió. Se apartó bruscamente.
—Realmente no sabes absolutamente nada sobre los hombres —le dijo con voz ronca.
Paula quiso defenderse y replicar algo, pero él ya había echado a andar hacia la casa.
Desde que murieron sus padres, muchos años atrás, y a pesar de su gran diferencia de edad, Pedro y Carolina habían permanecido estrechamente unidos, compartiendo una relación de absoluta confianza.
—Paula es deliciosa —le comentó Carolina a su hermano mientras regresaban a casa—. Es como si irradiara felicidad.
—Desde luego —repuso Pedro—. Una llamada de su novio y se convierte en una mujer distinta.
—¿Pero no eres tú su amante?
—Todavía no —respondió, y se sumió en un prolongado silencio, ajeno a las miradas de curiosidad que Carolina le lanzaba de vez en cuando.
—¿Quién es el otro hombre? —le preguntó ella al fin.
—Un tipo llamado Facundo Pieres. Pero no creo que le dure mucho.
—Y sin embargo ahora está ahí, interponiéndose en tu camino —comentó Carolina con una risita—. Esto va ser divertido. Yo ya había empezado a creer que nunca te encontrarías con la horma de tu zapato.
—Y nunca me la encontraré. Paula es una mujer hecha y derecha, y ya veremos qué pasa durante las siguientes semanas. No creo que tenga mucho de qué preocuparme.
—Hermanito, puede que no destaque en muchas cosas, pero soy muy perspicaz con la gente.
—Nunca lo he dudado.
—Si va a haber una batalla, yo estaré con ella. Me encantaría verte atrapado en las redes del amor.
—No cuentes con ello —rió Pedro—. A propósito, lamento lo de esta noche. Si hubiera sabido que Gonzalo Chaves era como es, te prometo que jamás te lo habría presentado.
—Oh, pero si yo pensaba que era un hombre muy dulce…
—¿Dulce? Es pomposo, rígido, soso…
—¡Pedro, por favor! No insultes al hombre con quien voy a casarme.
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Capitulo ocho!! espero que les guste!!
Gracias Por Leer! ♥
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Qué terca que es Paula!! A Pedro le ha picado el bichito del amor por eso se enojó!! Qué Pau se desilucione de F y lo busque a Pedro!! Me encantó el capítulo!!
ResponderEliminarMUY BUEN CAP.PAU TENDRIA QUE AFLOJAR UN POCO
ResponderEliminarme copa mucho esta historia! espero mas!
ResponderEliminarMe encantó este cap. Pero como que Pau ya tendría que empezar a aflojar un poquito no????
ResponderEliminarbuenísimo,seguí subiendo!!!
ResponderEliminarmuy bueno me mato el final me muero por ver como va a reaccionar pedro @robel16
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