viernes, 15 de noviembre de 2013
"AMOR DE ENCARGO" CAPITULO 15
En aquel momento de total silencio, Gonzalo se levantó rápidamente, mientras que Paula lo hizo con lentitud. Sólo Vicente se quedó donde estaba, imperturbable.
—Buenas tardes —saludó Pedro—. Espero no haberlos hecho esperar demasiado —se dirigió a todos, aunque su mirada estaba fija en los ojos de Paula.
—¿Quieres decir que has sido tú quien ha remontado el valor de las acciones? —le preguntó Gonzalo.
—Él no —dijo Jennnifer—. Charteris.
—No —la corrigió con tono tranquilo Pedro—. Yo personalmente. Ahora poseo una tercera parte de Chave´s.
«Te arrepentirás de haberme convertido en tu enemigo»; las últimas palabras que le había dirigido resonaron en su mente. Pedro Alfonso había vuelto para vengarse.
—Creo que deberíamos darle la bienvenida al nuevo miembro de la junta —intervino Vicente, sonriendo—. Lo mejor que podemos hacer es llevarnos todos bien.
—Estoy de acuerdo —aprobó Gonzalo.
—¿Es que ninguno de los dos comprende lo que está sucediendo aquí? —exclamó Paula—. Si no luchamos contra él, nos comerá vivos —se volvió hacia Pedro—. Vicente no sabe nada sobre ti, y Gonzalo no quiere enemistarse con el hermano de Carolina, pero yo te conozco bien y lucharé contra ti.
—Has dejado muy clara tu posición —repuso Pedro—. Y ahora, ¿podríamos hablar de negocios?
Ocupó su asiento ante la mesa, ignorándola, y empezó a repartir unos documentos. Luego expuso sus planes. Tenía intención de que la empresa realizara un buen número de negocios con Charteris, lo cual significaría que Chave´s tendría que expandirse.
—Una vez que lo hagamos, Charteris nos tendrá en su bolsillo —protestó Paula—. Pueden bajar el precio de nuestras acciones, para luego comprarlas a un precio irrisorio.
—Supongo que tendrán que confiar en mí —se limitó a afirmar Pedro con tono tranquilo.
—Paula, querida, tú no sueles tener prejuicios de este tipo —le echó en cara Vicente.
Incluso Gonzalo murmuraba su aprobación mientras hojeaba el documento. Paula comprendió que había perdido aquel asalto.
—Una última cuestión —pronunció Gonzalo cuando Pedro ya se disponía a marcharse—. ¿Cómo sabías que habíamos convocado junta para hoy?
Pedro esbozó una sonrisa glacial:
—Cuando un hombre está decidido a hacer algo, entonces se las arregla para hacerlo como sea. Y, créeme, yo estoy muy decidido.
Hablaba para todo el mundo, pero su mirada estaba fija en Paula. Y acto seguido se marchó.
Una semana después, Paula fue a buscar a Pedro a su despacho. No había vuelto a verlo desde la última junta.
—He estado hablando con Vicente. ¿Cómo te has atrevido a decirle que yo debería retrasar mi boda? —le preguntó, furiosa.
—No puedes empezar tu luna de miel justamente cuando Gonzalo todavía no ha vuelto de la suya.
—Creía que sabía lo muy bajo que podías caer, pero…
—Pues estabas equivocada —la interrumpió con tono tranquilo—. Todavía no sabes lo que soy capaz de hacer.
—No voy a retrasar mi boda a una orden tuya.
—Entonces tendré que asumir un papel más activo en tu empresa mientras tú estés fuera.
—Antes tendrás que pasar por encima de mi cadáver.
—Pero si tú no estarás aquí, ¿no? —le señaló Pedro.
—Maldito… Y pensar que yo…
—¿Que tú qué?
Se había quedado en blanco. De repente no tenía nada que decirle. En ese instante la secretaria de Pedro se asomó al despacho:
—Le recuerdo que tiene una cita. ¿Le digo que espere?
—No hay necesidad. La señorita Chaves se marchaba ahora mismo.
Fue como si la hubiera desconectado pulsando un interruptor. Paula se detuvo un instante en el umbral, lanzándole una horrorizada mirada, y se marchó.
—He retrasado un mes la boda —la informó a Carolina con un suspiro. Por aquellos días, Paula solía comer regularmente con ella—. No tenía elección.
—No sé qué es lo que hiciste para amargar tanto a Pedro —le comentó Caro—. Está irreconocible. ¿Sabes? Creo que, después de todo, debe de estar enamorado de ti.
—¡Pues vaya perspectiva! —exclamó Paula, disimulando la agitación que le habían producido aquellas palabras.
—¡Oh, cielos! ¡Tú también! —replicó Caro con tono quejumbroso—. Entre los dos me tienen hecha un lío. ¿Se puede saber qué es lo que sucedió para que mi hermano se pusiera así?
Paula se lo contó todo, justo hasta el momento en que Pedro descubrió a Facundo en la cama.
—Está convencido de que lo engañé, y eso para él es imperdonable. No se detendrá hasta convertirnos en una sucursal de Charteris.
—Pues, de hecho, los de Charteris están algo disgustados con Pedro por no haber aprovechado su ventaja sobre Chave´s. En su opinión, Pedro se pone demasiado a menudo del lado de esta.
—¿Cómo lo sabes? —le preguntó Paula.
—Porque él me lo cuenta todo. Naturalmente, me pidió que le guardara el secreto.
—¿Y tú se lo prometiste?
—Claro. De lo contrario no me lo habría dicho, y entonces, ¿cómo habría podido decírtelo a ti? —inquirió lógicamente Carolina—. Que nunca se dé cuenta de que tú lo sabes, ¿eh?
—No hay riesgo de que ocurra eso, dado que hemos dejado de hablarnos. No lo comprendo. ¿Qué es lo que estará tramando ahora?
Carolina reflexionó por un momento antes de comentarle:
—Será mejor que te diga una cosa más. ¿Cómo crees que Pedro consiguió el dinero necesario para comprar el treinta por ciento ?
—Es algo que no he dejado de preguntarme.
—El banco le hizo un cuantioso préstamo, que ha tenido que respaldar con sus propias acciones en Charteris.
—¿Qué?
—Está en el mismo barco que tú, Paula. Si algo malo le sucede a tu empresa, lo perderá todo.
Paula se quedó anonadada. Fueran cuales fueran las intenciones de Pedro, se había lanzado a fondo. Pero no podía estar actuando por amor. Ella había inspirado su pasión, pero se trataba de una fría y vengativa pasión que la estremecía de miedo.
—Intenta comprenderlo —la suplicó Caro—. Pedro no ha hecho más que luchar durante la mayor parte de su vida: por mamá, por mí, y sólo muy recientemente por él mismo. No conoce otra cosa. Se ha olvidado de pedir las cosas por favor; sólo sabe tomarlas.
—Eres muy amable al intentarlo —repuso Paula—, pero de verdad, es inútil.
Condujo lentamente a su casa, con la sensación de que su vida se estaba convirtiendo en una prisión. Secretamente se alegraba de que aquella excusa le hubiera permitido retrasar la boda. Se habría echado atrás si hubiera podido, pero las palabras de Facundo la acompañaban en todo momento: «sabes cuidar tan bien de mí». No podía fallarle.
Sin embargo, y a pesar de su discusión, echaba desesperadamente de menos a Pedro. No era simplemente deseo lo que los unía. Había algo en él que la atraía con una fuerza irresistible; en todo momento uno podía saber lo que estaba pensando el otro, debido a que se complementaban a la perfección. Ella podría haberlo amado, si Pedro la hubiera amado a ella. Pero le había dejado muy claras las cosas al decirle que no estaba enamorado de ella y que nunca podría comprometerse en serio. Se estaba vengando por una cuestión de orgullo, no de corazón.
La última y amarga escena que tuvo lugar en su despacho había sido como el portazo definitivo. Aquello le dolía, pero le habría dolido todavía más si hubiera estado enamorada de él. Al menos se había librado de eso, y debía consolarse con ese pensamiento. Porque, de otra manera, sería insoportable.
Alguna justicia había en la queja de Carolina de que se encontraba entre los dos, sin poder tomar partido abiertamente por ninguno. Durante aquellos días su hermano se quedaba a trabajar hasta tarde, pero por las noches siempre lo encontraba en casa de un pésimo humor.
—Por el amor de Dios, haz algo —insistió Carolina una vez más—. Ve a buscarla antes de que sea demasiado tarde.
—Ya es demasiado tarde —gruñó Pedro.
—Hoy he comido con Paula, y me ha contado lo que sucedió aquella noche en el piso.
—¿Qué es lo que había que contar? Estaba en la cama con su prometido.
—No es cierto. Él tenía jaqueca por haber bebido champán, y ella lo llevó a su casa para acostarlo. Estaba durmiendo en la otra habitación.
—¡Dios mío! —se echó a reír, sarcástico—. ¿Cómo es posible que…?
—Si Paula lo dice, yo estoy segura de que es verdad.
—¿Verdad? Pues claro que es verdad. Es justo el tipo de estúpida actuación que esperaría de ese bobalicón.
—Bueno, supongo que ese pobre hombre no puede evitar ser como es.
Pedro se levantó y se dirigió hacia la puerta, a grandes zancadas.
—Te diré una cosa —le comentó con tono despreciativo—. Si yo estuviera desnudo y yaciendo en la cama de la mujer más hermosa que he conocido nunca, estoy absolutamente convencido de que pensaría en algo más sugerente que hacer que quejarme de una jaqueca.
----------------------------------------------------------------------
Espero que les guste!!
Gracias por leer y comentar... ♥
5 capítulos y termina !!! ♥
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Muy buen capítulo!! Adónde irá Pedro? Espero el próximo muy pronto!! Linda novela!!
ResponderEliminarGenial este cap!!!!!!!!!! Espero ansiosa el próximo!!!!
ResponderEliminarbuenísimo el capítulo,seguí subiendo...
ResponderEliminar