domingo, 17 de noviembre de 2013
"AMOR DE ENCARGO" CAPITULO 17
Carolina quería tener una apariencia impresionante el día de su boda. Paula fue a verla para ayudarla con los preparativos, y se quedó muda de admiración. El vestido era de corte romántico, con una larguísima cola y un gran velo.
Tanto Caro como Gonza habían insistido en que Paula hiciera de madrina, y al final había tenido que resignarse. Dado que Pedro iba a ser el padrino, no iba a resultarle posible evitarlo. La propia Carolina había escogido el vestido de Paula, una preciosidad de raso y seda, amarillo, de un estilo elegante a la vez que sofisticado.
Estaba previsto que el acto y la recepción nupcial se celebraran en el enorme jardín de la casa de Pedro. Cuando Paula llegó por la mañana temprano, la carpa ya había sido levantada y la empresa de catering ya lo estaba disponiendo todo. No vio a Pedro por ninguna parte, y Caro le comentó que se había marchado después de asegurarle que no tardaría en regresar. Paula no pudo menos que preguntarse si no habría sido una manera de evitar su presencia.
El peluquero favorito de Carolina se presentó para peinarla; luego se dedicó a Paula. Cuando terminó, Carolina procedió a maquillarse con la profesionalidad que la caracterizaba, antes de trabajar en el rostro de su madrina. Tanta solicitud en el cuidado de su belleza despertó las sospechas de Pedro.
—Estás perdiendo el tiempo poniéndome tan guapa —le dijo—. Voy a casarme con Facundo, y aunque no fuera así, tu hermano sería la última persona que elegiría como marido.
—Es gracioso: él dice exactamente lo mismo de ti —repuso Carolina—. Sólo que tirándole un poco más de la lengua.
Cuando Carolina terminó de maquillarla, Paula tuvo que admitir que conocía bien su oficio.
Pequeños y delicados rizos flotaban en torno a su rostro, proporcionándole un exquisito aire de ternura. Sus ojos verdes y su espléndido cutis resaltaban más de lo habitual, gracias a la habilidad de su futura cuñada.
—Me muero por una taza de té —le confesó Caro.
—Voy a conseguirte una —se ofreció Pau.
Aquello le dio la oportunidad de probar sus delicadas sandalias plateadas, que tan bien combinaban con su vestido. Estaba preparando el té en la cocina cuando, al levantar la mirada, se quedó paralizada de sorpresa al ver a Pedro. Tan concentrada estaba en su tarea que no lo había visto entrar. Pero ella también lo había pillado desprevenido, y la expresión de sus ojos, antes de que pudiera disimularla, expresó todo lo que habría preferido ocultarle.
—No sabía que habías venido —pronunció él, al cabo de un silencio durante el cual no pudo menos que contemplarla admirado.
—Caro y yo acabamos de prepararnos. Quiero subirle una taza de té.
—No hay tiempo. Los coches ya han llegado.
—Se lo diré.
Eran unas pocas palabras banales, pero la dejaron extenuada a causa de la tensión; se preguntó cómo podría soportar pasar el día entero con él. Al fin llegó la hora de salir para la iglesia. Caro bajó la escalera envuelta en una nube de gloria y Paula la ayudó a entrar en el coche, recogiéndole con cuidado la cola del vestido. Pedro abrió la puerta delantera, disponiéndose a subir.
—Se supone que deberías sentarte conmigo —protestó Caro.
—Es mejor que te acompañe la madrina —repuso con tono inexpresivo, tomando asiento al lado del chófer.
Durante el corto trayecto hasta la iglesia, Paula se negó a mirar a Pedro.
Recordaba bien lo que Mike Harker le había dicho de él: «solía decir que las bodas eran una conspiración de las mujeres para poner en ridículo a los hombres, y que él nunca caería en ese error». Indudablemente, Pedro debía de pensar que la propia Paula formaba parte de la conspiración. Y ya antes le había dejado muy claro que lo único que quería tener con ella era una aventura.
Cuando llegaron a la iglesia, Pedro esperó a que Paula terminara de dar los últimos retoques al vestido; luego le ofreció su brazo a Caro, y se pusieron en marcha. Se habían retrasado algunos minutos, y cuando el órgano empezó a sonar, Gonzalo se volvió para mirar sonriente a su futura esposa. Ella le devolvió la sonrisa, y su felicidad pareció contagiar a todos los presentes. Paula pensó que Caro era en aquel preciso momento dueña y señora del corazón de Gonza, y recordó la noche en que Zarpas dio a luz, cuando Pedro se burló de ella diciéndole que se había presentado en su oficina como un señor medieval, exigiendo su cabeza en una bandeja.
Pero era el corazón de Pedro Alfonso lo que quería. Y nadie podría entregárselo, porque no tenía. Aun así, la había ido a buscar cuando su padre la abandonó por segunda vez, ofreciéndole algo que no había sido compasión, pero que le había hecho mucho más bien que el convencional consuelo de Facundo. Por duras que hubieran sido sus palabras, la había apoyado como si una mano hubiera surgido de repente de la oscuridad para sostenerla.
Inclinó la cabeza sobre su pequeño ramo de flores, entristecida. Nunca admitiría, ni siquiera a sí misma, que amaba a Pedro. Pero el dolor perduraría, y no sabía cómo podría llegar a soportarlo. Se encontraba atrapada, encadenada a Facundo por la necesidad que él tenía de ella; y por su convicción de que ella lo necesitaba.
Caro ocupó su lugar frente al altar, y la ceremonia dio comienzo. Pedro permaneció detrás, en un segundo plano. Ni una sola vez miró a Paula, pero ella sabía que era muy consciente de su presencia, como ella de la de él.
Al fin el órgano ejecutó la melodía triunfal y la pareja salió solemnemente de la iglesia.
En la recepción, Paula se encontró con Facundo, que la besó en las mejillas diciéndole que estaba preciosa. Se sentaron juntos durante las diversas intervenciones que tuvieron lugar, y después Gonza y Caro abrieron el baile, radiantes de alegría y felicidad.
Paula bailó con Facundo, consciente de que Pedro, que hasta ese momento la había evitado, la observaba con intensa expresión, y se preguntó si se decidiría a sacarla a bailar.
Sin embargo no la sacó a ella sino a una de las amigas modelos de Carolina, una joven de belleza impresionante. Incapaz de soportarlo, y esperando que nadie pudiera verla, Paula se retiró al jardín, entre los árboles. Pero incluso allí no encontró la tranquilidad que deseaba, porque le recordó el mágico paseo que había dado con pedro en el jardín de Vicente. Entonces había reído con él, y lo había tentado y seducido de una manera que en aquel momento le parecía sorprendentemente temeraria. ¿Cómo no se le había ocurrido sospechar el camino que estaba tomando su relación con él? Porque en aquel entonces ya había empezado a enamorarse de Pedro…
Al otro extremo del jardín, llegó a una zona que varios obreros estaban limpiando y brozando, nivelando el terreno. Varas de metal habían sido clavadas a su alrededor, sosteniendo cables fosforescentes como si delinearan la planta de un futuro edificio.
—¿Qué es esto? —inquirió curiosa.
Uno de los obreros interrumpió su tarea para explicárselo:
—Nosotros tampoco lo sabemos. Simplemente nos han dicho que despejemos el terreno.
—¿Pero esas delimitaciones?
—Las hemos cambiado una docena de veces, y supongo que seguiremos cambiándolas.
Él cambia continuamente de idea.
—¿Pero qué es lo que será esto cuando esté terminado?
—Bueno, por lo que yo sé…
—¿Qué estás haciendo aquí?
Paula se volvió para descubrir a Pedro frente a ella, mirándola con el ceño fruncido.
—Sentía curiosidad —explicó—. No te importará que curiosee tu jardín, ¿verdad?
—No me gusta que estés aquí —le dijo con tono cortante—. No es conveniente con ese calzado tan delicado que llevas. El suelo es muy irregular.
La tomó del brazo. Paula podía percibir su furia, y comprendió que el interés que demostraba por su seguridad era un puro pretexto. Lo que estuvieran haciendo esos obreros allí era secreto, algo que ella no tenía ningún derecho a conocer.
—¿Viste otra vez a tu padre? —le preguntó Pedro mientras atravesaban el jardín.
—No. Cuando volví a casa ya se había ido… con mi chequera, de la que ha debido de hacer un buen uso.
—Vaya. Menos mal que ya te has librado de él.
—Sí. Y te estoy muy agradecida,Pedro. Me ayudaste mucho. Y me pregunto por qué, cuando me odias tanto…
—No te odio. A pesar de todo, te respeto y te admiro. Pensé que eso podía ayudar a que recuperaras el buen sentido respecto a lo de Pieres.
—Sigo comprometida con él. Me necesita y es bueno conmigo. Si pudieras haberle visto cuando le dije lo de mi padre…
—Apuesto a que te ofreció una vida de tierna protección envuelta en algodones… que te ahogarán al cabo de un mes.
—Le di mi palabra.
—Rompe el compromiso, Paula. Rómpelo antes que seguir adelante con algo que nos destrozará a los dos.
—No creo que a ti se te destruya tan fácilmente —sonrió.
—Te deseo. Nunca te lo he ocultado…
—Sí, y sé por qué. La mujer de otro hombre: un desafío a tu posesividad. Pero no es suficiente. Sólo piensas en mí como un autobús, Pedro. Cuando uno viene, sale otro de tu vida.
—¿Sale de mi vida? ¿Con mi hermana casada con tu hermano? Nunca nos separaremos. Dentro de algunos meses tendremos un sobrino o una sobrina.
—Entonces me despediré de ti en el bautizo. Y mi marido también. Para entonces yo ya me habré casado con Facundo.
—¡No lo harás!
—Claro que lo haré, porque he dado mi palabra. Eso es lo primero que Vicente me enseñó: a mantener mi palabra. Pedro, por favor, intenta comprenderlo. ¿Cómo podría abandonar a Facundo ahora, cuando yo misma acabo de revivir esa experiencia?
—No me pidas que lo comprenda, porque no me es posible. No soy tan sentimental como tú. Yo tomo lo que quiero y cuando puedo. Yo nunca podría representar la farsa que te ofrece Facundo, pero sí podría darte una vida merecedora de ser vivida —un sombrío dolor se dibujó en su rostro—. Debería desearte que fueras muy feliz en el futuro, pero no puedo pronunciar esa mentira. Te deseo el mismo futuro que el que a mí me espera: una vida de amargo remordimiento y nostalgia por lo que podría haber sido. Adiós, Paula.
--------------------------------------------------------------------------
Espero que les guste...
Mmmm se terminara todo? Paula se casara con Facundo?? Pedro hará algo para impedirlo???
Mmmmm ya lo veremos en los proximos tres capitulos que quedan!!
Gracias por leer!! ♥
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
hola empese hace 2 dias a leerla muy linda historia me gustaria que pedro y paula terminen juntos.. que ese que descubrio pau ?.. besos me encanto la nove
ResponderEliminarDecime x favor que no se casa con Facundo, x favorrrrrrrrrrrrrr!!!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarwow buenísimo,me encanto...
ResponderEliminar