martes, 19 de noviembre de 2013
"AMOR DE ENCARGO" CAPITULO 18
Cuando los recién casados partieron al Caribe en viaje de luna de miel y se marcharon los invitados, Vicente encontró a Pedro solo en el jardín, con una copa de whisky muy bien servida.
—Me avergüenzo de ti.
—No tengo que conducir —repuso Pedro, sorprendido—. Vivo aquí.
—No me refiero a la bebida. Me refiero a ti mismo, dándote por vencido sin luchar. Y todavía tienes el descaro de decirme que yo fui tu mentor, tu modelo… Eso nunca lo aprendiste de mí.
—He intentado luchar —murmuró Pedro—. Pero no he llegado a ninguna parte. De hecho, con ello sólo he conseguido complicar las cosas, en opinión de Carolina.
—Una mujer muy perspicaz. Pero aun así no has estado a la altura del ejemplo que te he dado. Y después de todo lo que he hecho para ayudarte…
—Lo sé. Te estoy agradecido por haberme avisado de la convocatoria de aquella junta…
—Pero lo hice por una razón muy particular, amigo mío. Quiero que Paula rompa ese compromiso tanto como tú, y creí que tú eras el hombre adecuado para conseguirlo. Pero has fracasado.
—De acuerdo, pero… ¿qué habrías hecho tú?
—En primer lugar, nunca me habría encontrado en esta situación, porque conozco demasiado bien a Paula.
—Claro, dado que eres su abuelo. Pero si ella hubiera sido mi nieta, yo jamás habría permitido que llegara a esta situación —se quejó Pedro.
—Pues al paso que vas, dudo que alguna vez llegues a tener una nieta —replicó Vicente—. Al menos con Paula.
—Bueno, pues mejor para mí. Porque si crees que yo podría casarme con una mujer tan testaruda, cabezota y…
—¿Estás enamorado de ella? ¿Sí o no?
—¡Sí, maldita sea!
—Pues entonces tendremos que adoptar una medida firme y decisiva. Lo único que necesitamos es encontrar el punto débil de Facundo Pieres.
—Oh, eso puedo decírtelo yo —observó Pedro.
Y lo hizo. Los ojos de viejo zorro de Vicente relumbraron al momento.
—¡Eso es! Un último truco, tal y como me prometí a mí mismo. Esto es lo que haremos…
Cuando terminó de hablar, Pedro se sirvió otra copa de whisky.
—No funcionará —le dijo—. Ni siquiera Facundo Pieres podría ser tan estúpido.
—Cuando un hombre está enamorado, su idiotez no tiene límites —repuso Vicente—. Mírate a ti mismo, por ejemplo.
Pedro lo miró frunciendo el ceño.
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—¿Aceptarás a esta mujer como legítima esposa… para amarla y cuidar de ella…?
Pedro sonrió gozoso mientras respondía:
—Sí, acepto.
Pero entonces su rostro se transformó en el de Facundo, y Paula gritó que aquel no era el hombre al que amaba. Y habría salido corriendo de la iglesia si Facundo no la hubiera detenido.
Se despertó para encontrarse sentada en la cama, temblando, con el rostro bañado en lágrimas.
—Oh, Dios mío —sollozó—. Otra vez no…
Permaneció sentada durante unos minutos antes de encontrar la fuerza necesaria para levantarse de la cama. Estaba desesperada por librarse de aquellas pesadillas que la perseguían cada noche. Fue a la cocina para prepararse un té, y se sentó en una silla, mirando concentrada su taza; era mejor que diera rienda suelta a su dolor en aquel momento, cuando nadie la estaba viendo.
No era siempre la misma pesadilla. A veces empezaba casándose con Facundo, que se transformaba luego en Pedro y le decía, sonriendo: «no creerías que iba a consentir que te casaras con él, ¿verdad?». Aquel sueño era el más duro porque tocaba una fibra muy sensible: secretamente siempre había esperado que Pedro impidiera la boda.
En realidad no estaba segura de lo que había esperado, pero no podía imaginarse a Pedro tranquilamente sentado mientras perdía a la mujer que quería. Sería capaz de todo excepto de aceptar su derrota. Pero no la quería; al menos, no lo suficiente para comprometerse con ella. Ésa era la verdad con la que tenía que enfrentarse. En el momento culminante, cuando ella finalmente había tomado conciencia de la intensidad de su amor por él, Pedro había perdido todo interés por ella.
Y allí estaba Paula, la noche anterior al día de su boda, con el corazón destrozado por el hombre que había irrumpido en su vida para luego desaparecer, dejándola absolutamente desolada. Durante semanas enteras no lo había visto ni había hablado con él. Le había enviado una antigüedad de plata como regalo de boda, acompañado de una nota formal en la que le expresaba sus felicitaciones, y ella había correspondido con un agradecimiento por escrito de igual forma. Después de aquello, no había vuelto a saber nada de él.
A Facundo también lo había visto muy poco, ya que había estado de viaje en Escocia, buscando lugares convenientes para los depósitos de Chave´s. Vicente le había encomendado aquella misión como una forma simbólica de acogerlo en la familia.
La reacción de Vicente a su compromiso había sido extrañamente discreta. Le gustaba Facundo, pero nunca se había mostrado muy animado ante la perspectiva de que su nieta se casara con él; Paula se daba perfecta cuenta de que había caído bajo el hechizo de Pedro.
Incluso su hermano se llevaba cada vez mejor con Pedro. A Gonzalo también le habría complacido que su hermana se casara con Pedro, pero había felicitado a Facundo educadamente llamándolo por teléfono desde el Caribe, e incluso le había prestado su todo terreno para su viaje a Escocia. La idea del viaje a Escocia había sorprendido a Paula. A Facundo le habían encargado investigar las islas, pero ella sabía que aquellos lugares no eran nada apropiados para emplazar nuevos depósitos. Tenía la incómoda sensación de que Vicente se había inventado aquel encargo a propósito, olvidándose de que Facundo tenía una empresa propia que dirigir.
Facundo había regresado mucho más tarde de lo esperado, dando vagas explicaciones sobre su retraso. Y al fin, reacio, le había revelado a Paula el verdadero motivo:
—Cuando me encontraba en la isla de Airan, me robaron el coche de Gonzalo. La policía confiaba en recuperarlo fácilmente, porque el último ferry ya había salido y no había forma alguna de salir de la isla hasta el día siguiente. Pero fue como si se hubiese desvanecido en el aire. Me quedé allí esperando a que lo encontraran, porque no habría sido capaz de regresar sin él.
—Y lo recuperaste.
—Al cabo de una semana apareció de repente en el aparcamiento de mi hotel. No había sufrido desperfecto alguno. No habían robado nada. Incluso el depósito de gasolina estaba lleno.
—Qué extraño. ¿Qué opinó al respecto la policía?
—Se quedaron tan sorprendidos como yo. Habían limpiado todas las huellas dactilares. No sabes el alivio que sentí al poder regresar a casa con él, dando poco convincentes excusas acerca de mi retraso. Afortunadamente tu abuelo no pareció notar nada extraño.
—Pues Vicente es muy perspicaz —había comentado Paula, sorprendida.
—Quizá se haya mostrado muy discreto. Le he entregado mi informe, pero cuando le pregunto por él, me responde con vaguedades. Ni siquiera estoy seguro de que se haya molestado en leerlo. Probablemente me considera un caso sin remedio…
—Claro que no —había repuesto Paula con ternura, experimentando de nuevo aquel sentimiento protector que le inspiraba Facundo. Un sentimiento que, sin embargo, se hallaba teñido de cierta dosis de consternación, dado que era un hombre que necesitaba permanente consuelo. Y no podía evitar pensar en la manera tan distinta como habría reaccionado Pedro; de hecho, le resultaba incluso difícil imaginar que alguien se hubiera atrevido a robarle el coche.
Aquella tarde Facundo había estado muy silencioso y reservado, pero ella lo había atribuido al cansancio y a la tensión producidos por el viaje. Se había disculpado por no poder verla con frecuencia antes de la boda, argumentando que tenía que adelantar mucho trabajo para disponer de tiempo libre para la luna de miel. Y Paula había acogido sus disculpas con un sentimiento que vergonzosamente reconoció como de alivio.
Desde entonces apenas se habían visto y, en su soledad, Paula había creído vivir en un extraño limbo, encontrándose en medio de dos hombres, pero sin contacto con ninguno de ellos.
En aquel momento se dijo que, al cabo de unas pocas horas, llegaría el día en que debería comprometerse para siempre con un hombre al que profesaba cariño, pero del que no estaba enamorada. No volvió a acostarse, ya que se arriesgaba a tener otra pesadilla; además, ya estaba amaneciendo, y Carolina pronto estaría allí para ayudarla a vestirse.
Logró recuperarse lo suficiente, y para cuando llegó caro ya no quedaba en su rostro huella alguna de lágrimas y pudo forzar una sonrisa.
El vestido era corto, de seda de color crema, con una pequeña pamela a juego. Caro se dedicó a maquillarla, y poco después se apartó un poco para admirar el efecto.
—Estás preciosa —le dijo, antes de echar un vistazo por la ventana—. Acaba de llegar el coche de Vicente. ¿Nos vamos?
—Espera un momento… Todavía no estoy lista —Paula necesitaba algo más de tiempo para ignorar la punzada de dolor que le atenazaba el corazón, y obligarse a seguir adelante con todo aquello.
Pero ya no podía retrasarlo más, así que tomó a Caro de la mano y fueron a reunirse con Vicente. Los tres apenas pronunciaron una palabra durante el trayecto a la oficina del registro civil. Paula disimulaba su dolor con una permanente sonrisa forzada, y los otros dos parecían extrañamente incómodos. Vicente intentó salvar el violento silencio charlando acerca del nieto que estaba en camino.
—¿Estás segura de que te estás cuidando bien? —le preguntó a Caro por enésima vez—. Todavía te veo demasiado delgada…
—No te preocupes por mí —le dijo Caro—. Soy más fuerte de lo que parezco.
En aquel preciso momento, y al oír aquellas palabras, Paula recordó lo que le había dicho Pedro: «eres más fuerte de lo que crees». Se sentó muy derecha en su asiento, estupefacta. Era como si las palabras de Caro le hubieran abierto una ventana en el cerebro. Recordó de nuevo: «eres más fuerte de lo que crees… sigue como estás… no necesitas a nadie tan desesperadamente como piensas. Ni a tu padre, ni a Facundo, ni a mí».
Había tomado conciencia de ello entonces, cuando ya casi era demasiado tarde.
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Hola!!! espero que les guste!! ♥
Gracias por leer!! ♥
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Qué buen cap!!!!!!!!!! Me encantó!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarMe encantoooo! Espero el proximo!
ResponderEliminarMuy buen capítulooo!! Ojalá no se case con Facundo! Espero ansiosa el próximo !!!
ResponderEliminarBuenisimo!! Quiero mas para ver como sigue...
ResponderEliminarBeso
ayyy nooo,que no se case...
ResponderEliminarbuenísimo,seguí subiendo!!!
que buen cap decime que hizo frenar el auto
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