martes, 17 de diciembre de 2013

"UNA LOCA ATRACCIÓN" CAPITULO 13



A las 6:30 , Paula estaba lista y esperándolo, temblando de nervios de pie en el salón. Se había vestido con infinito cuidado. Llevaba un vestido color chocolate de encaje que era elegante y sexy, con los hombros desnudos y ajustado. El timbre sonó, sobresaltándola.

- ¡Tu príncipe ha venido! - exclamó Ana riéndose- Que tengas una noche mágica querida- dijo dándole un beso en la mejilla- Te veré mañana.

Paula le dio las gracias y salió a abrir la puerta. Pedro estaba devastador vestido de etiqueta.

- ¿Nos vamos ya?- preguntó Paula con gesto orgulloso.

- Sólo si me das un beso- dijo Pedro mirando sus labios rojos - Y que sea apasionado o me pensaré lo del ballet.

Ella se enfureció.

- ¿Por qué iba a besarte apasionadamente después del modo en que me has tratado esta tarde?

- De acuerdo- dijo Pedro dando media vuelta y marchándose.

- ¡Espera!- furiosa , Paula lo siguió, cerrando la puerta de su suite y alcanzándolo en el pasillo- Esta bien ¡Te besaré !

El se rió burlón, esperando, y Paula se vio obligada a ponerse de puntillas con sus tacones altos, echándoles los brazos al cuello, besándolo con furia y pasión.

El beso fue tremendamente excitante para los dos-

Pedro le sujetó las caderas, apretando su cuerpo con el suyo.

- Oh, sí. Aún puedes conmigo con un solo beso- dijo Pedro.

- Eres despreciables- declaró Paula mirándolo a los ojos- Me sorprende que no exijas que vaya ahora a acostarme contigo a cambio de ir esta noche al ballet

- Como te dije, las acciones hablan más que las palabras.

- Sí, ¿Y cuáles han sido tus acciones aquí? ¿Una determinación implacable a llevarme a la cama incluso haciéndome chantaje?

-¿Es eso todo lo que puedes decir?

- ¿Qués más puedo decir? Tú no dejas de decir que no te importo.

- Pues no es así.

Pedro apartó la mirada y la soltó de un empujón, metiéndose las manos en los bolsillos.


- ¿Te importo?- susurró Paula.

- ¡No quiero hablar de eso!- exclamó con dureza y agarrándola del brazo para llevarla al ascensor.

La limusina les llevó al Palacio Mereyensky.

La noche era cálida y agradable y las calles estaban llenas de coches y autobuses que iban descargando gente en el kirov, el hogar legendario de la principal manifestación artística de Rusia, el ballet.

La limusina los dejó en la entrada, y Pedro llevó a Paula dentro mientras los coches pitaban, y la gente se arremolinaba alrededor de las puertas.

Paula tenía expresión tensa y rígida, pensando continuamente en Pedro.

- Por el amor de Dios, no estés malhumorada- le dijo Pedro- Te estropearás la noche si lo haces.

- ¿Y a ti qué mas te da?

- Porque casi tuve que romperme el cuello para conseguir estas entradas con tan poca antelación.

- ¿Lo hiciste por mi o sólo por ti?

-¿ Tienes que estar tan decidida a pensar lo peor de mi?

- ¡Oh, perdón! ¿ Pero no has sido tú el que ha exigido que vaya esta noche a tu dormitorio a cambio de venir al ballet?

- Y sigo exigiéndolo. Pero eso no debe evitar que disfrutes en el Kirov. Es el único lugar de Rusia que realmente te pertenece y los dos lo sabemos, ¿Por qué crees que me molesté tanto por conseguir estas entradas, que además son precisamente de El lago de los Cisnes ? Tienes suerte que la obra tenga lugar mientras estamos aquí, y además tenemos asientos en primera fila.

Paula lo miró fijamente.

- ¿Si realmente lo has hecho por mi, por qué hemos tenido que hacer un trato?

- No es un trato tan malo, Paula. Me doy cuenta de que aún estas asustada pero no me digas que no disfrutarás, porque sé perfectamente que sí.

Paula apartó la mirada, con las mejillas ardiendo. Todo iba mal entre ellos. Solo verlo empezaba a dolerle tanto que no podía soportar mirarlo.

Pedro suspiró furioso y la agarró de la muñeca.



- ¡Oh, al diablo! Vamos a nuestros asientos antes de que empiece.




Paula dejó que la llevara dentro del mismo teatro y se calmó un poco al ver tanta belleza, el oro cubriendo cada pared del legendario Kirov, con sus asientos de terciopelo azul.

Ahí habían bailado todos los grandes del ballet ruso a lo largo de la historia, desde Nijinsky a Nureyev, Pavlova a Kchessinska, Balanchine a Bayshnikov.

Y su bisabuela estuvo entre ellos.

- ¡Al fín sonríes!- exclamó Pedro mientras se sentaban en la primera fila- Deja que adivine en qué pensabas. En tu bisabuela.

Paula no pudo evitar sonreírle, con los ojos verdes radiantes.

- Debió sentirse muy orgullosa bailando en este escenario junto a Pavlova y Kchessinska.

- Realmente era muy bella. dijo Pedro sonriendo también- Después de ver su fotografía, entiendo que el príncipe se enamorara de ella.

- Pero no se quedó a su lado- dijo Paula mirándolo fijamente.

- Seguro que fue por la revolución.

- No. Él la dejó antes. No olvides que su hija nació en 1913 , cuatro años antes de la revolución. Para él sólo fue una aventura. Pero ella se enamoró completamente. Fue su gran pasión y no dejó de amarlo nunca.

- Su gran pasión...- murmuró Pedro- ¿O amor obsesivo?

- Los dos son igual de peligrosos.

- Dime, Paula ¿ Alguna vez te ha comparado alguien de tu familia con tu bisabuela? Me refiero cuando eras una niña.

- Siempre. Yo crecí sabiendo que era como ella. De hecho no recuerdo no saber que era su doble.

- Su doble, entiendo.- Pedro la miró intensamente- Y Martin fue tu primer novio ¿verdad? Un novio que nunca te hizo el amor.

- Ya los sabes.

- ¿ Y qué fue lo primero que pensaste al conocerlo?¿ Cuál fue tu primer pensamiento? 

- Sentí un peligro terrible.

- Pero eso debía ser normal dada las circunstancias.

- ¿Qué circunstancias?

Pero de pronto Paula lo supo, lo vio reflejado en los ojos de Pedro, tan intensos.

No fue Martin el que le hizo tener miedo al amor.



Fue su madre.


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