viernes, 1 de noviembre de 2013
"AMOR DE ENCARGO" CAPITULO 7
Al día siguiente Paula visitó a un cliente después de comer, y cuando volvió a su despacho se encontró con un montón de recados telefónicos.
—Facundo Pieres ha llamado cinco veces —la informó su secretaria—. Creo que no me creyó cuando le dije que se encontraba fuera.
Desde la cena de gala Paula había pensado mucho en Facundo, preguntándose por lo que habría sentido al verla. Había resistido la tentación de llamarlo con cualquier pretexto, y al fin su paciencia había sido recompensada.
—¿Facundo? —inquirió cuando alguien contestó a su llamada.
—Gracias por haberte acordado de mí —dijo con tono ligero, que no logró disimular cierta irritación.
—Estaba fuera. Pero ya he vuelto.
—Pensé que tal vez podríamos tomar una copa, en nuestro lugar de costumbre.
Paula vaciló. Había quedado con Pedro y con su hermana, y no podía retrasarse.
—Tendrá que ser una copa rápida.
—¿Es que tienes una cita?
Paula sintió que el corazón le daba un vuelco: aquello le importaba a Facundo.
—Claro que no. Lo que pasa es que tengo que regresar pronto a casa.
—Entonces quedamos en The Crown.
Una hora después Paula entró en The Crown, el elegante bar al que solían ir con frecuencia, pensando que al final lo había logrado: Facundo quería volver con ella. Estaba sentado en la mesa de costumbre, en una esquina, y le sonrió al verla acercarse, con aquella triste mirada suya que siempre la conmovía tanto.
Charlaron durante unos minutos, evitando cualquier referencia a su discusión y a su último encuentro. Al fin Facundo le dijo:
—Gracias por haber venido. Temía que no quisieras hablarme. Aquella vez te dije unas cuantas cosas absolutamente fuera de tono.
—Ya me había olvidado —repuso Paula.
—¿De verdad? ¿No fue por eso por lo que intentaste darme esquinazo hoy?
—Facundo, ya te dije que he estado fuera.
—¿Seguro que no se trataba de una excusa para evitarme? —le preguntó él con tono suave.
—No tenía nada que ver contigo.
Facundo le lanzó una sonrisa irónica, desconfiada, y por primera vez Paula descubrió que podía llegar a irritarse mucho con él. Su vulnerabilidad y necesidad de consuelo podía resultar encantadora, pero aquella vez estaba exagerando. Y en aquel preciso instante recordó lo que le había dicho Pedro: «es el clásico estúpido egocéntrico que siempre espera que todo le venga dado, a su gusto».
—Supongo que ahora debo de resultarte un estorbo, una vez que ya has encontrado a otro.
Paula pensó que estaba celoso; eso quería decir que todavía la amaba.
—Eres tú quien ha encontrado a otra —replicó con tono burlón.
—¿Penny? Es mi secretaria. Por cierto, causaste verdadera sensación al presentarte con Pedro Alfonso.
—¿Lo conocías?
—No… esto es, no lo reconocí aquella noche, pero desde entonces algunas personas me han hablado de él…
Paula se quedó asombrada: había estado preguntando por Pedro. ¡Cielos!
—Debes de haber intimado mucho con él para haberle regalado esos gemelos… —observó Facundo.
Paula había comprado aquellos gemelos porque a Facundo le habían gustado mucho cuando los vio en un escaparate; evidentemente, los había reconocido. Pero no podía explicarle nada sin revelarle que había tenido que contratar a un acompañante. Estaba dudando entre hacerlo o no cuando sonó el teléfono móvil. Era Gonzalo.
—¿Dónde estás? —le preguntó.
—Aquí, tomando una copa rápida. Voy ahora mismo.
—Date prisa. Ya sabes que tenemos que ir a casa de Vicente con Alfonso.
Gonzalo había elevado el volumen de su voz, y al oírlo, Facundo se tensó visiblemente. Paula se apresuró a cortar la llamada.
—Comprendo —pronunció Facundo.
—No es lo que piensas. Su hermana y él van a cenar con nosotros esta noche.
—Qué bien.
—Sólo se trata de negocios, Facundo.
—¿Ah, sí?
—Sí, y ahora debo irme.
Facundo le tomó una mano, y sus miradas se encontraron. Paula se dispuso a besarlo, saboreando el cálido y reconfortante contacto de sus labios. ¿Cuántas veces durante las últimas semanas había soñado con volver a sentirlo? Mientras Facundo la besaba, sin embargo, Paula experimentó una extraña sensación de pérdida, como de algo que debería haber ocurrido y que no llegó a suceder. Pero era una locura juzgar los besos de Facundo por los de Pedro. Ningún hombre besaba igual que otro, y aquel era Facundo, el hombre al que amaba. Se esforzó por recuperarse de su sorpresa.
—Adiós, cariño.
—Adiós. Que pases una agradable velada.
—¿Sin ti? —preguntó ella con tono ligero—. ¿Cómo podría?
Facundo sonrió antes de depositar un leve beso en el dorso de su mano .Y Paula se marchó mucho más animada.
Llegó a la mansión de Vicente, situada en las afueras de Londres, con tiempo suficiente para bañarse y vestirse para cenar. El vestido que había escogido era de color verde oliva y discretamente sofisticado. Estaba radiante de felicidad, ya que no sólo había puesto fin a su distanciamiento de Facundo, sino que había descubierto que la quería lo bastante como para ponerse celoso. Mientras se relajaba en el baño, echó un vistazo al periódico local, y lo que vio la dejó asombrada.
Cuando bajó vio a Gonzalo al pie de las escaleras, elegantemente vestido. Al ver el atuendo de su hermana, no pudo menos que felicitarla por su gusto.
—Me alegro de poder hablar a solas contigo por un momento —le dijo ella, tendiéndole el periódico—. ¿Has visto esto?
—Hombre multado por conducir en estado de embriaguez —leyó Gonzalo—. ¿Qué es lo que tiene de especial?
—Mira el nombre.
—¡Miguel Chaves! —exclamó asombrado—. El mismo nombre de nuestro padre. Probablemente sólo sea una coincidencia. Tiene que haber un montón de Miguel Chaves en el mundo.
—¿Y si no es una coincidencia?
—Paula, hace años que no sabemos nada de él. Ni siquiera sabemos si está vivo. Además, en cualquier caso, no quiero volver a verlo.
—¿Estás seguro?
—Entonces eras demasiado pequeña para darte cuenta de lo que sucedía, pero no era ninguna maravilla de persona. Según Vicente, se relacionó con mamá por interés, dejándola embarazada a propósito. Cuando se casaron, se puso a flirtear con otras mujeres gastándose el dinero que Vicente le suministraba; yo solía oír las discusiones que tenía con mamá. ¿Sabes lo que se atrevió a decirme una vez? «Cuando seas mayor, hijo, nunca te olvides de que el mundo está lleno de mujeres». Yo tenía catorce años. Una semana después Vicente dejó de darle dinero y le dijo que se buscara un trabajo. Así que se fue a vivir con su última aventura. Créeme, no tengo ninguna gana de volver a verlo.
—No, supongo que no —repuso Paula. A pesar de que entonces era muy pequeña, ella también había oído las discusiones. Sabía que era morboso pensar de esa manera, pero no pudo resistirse de preguntarle—: ¿Aprendiste alguna vez la lección de papá?
—¿Sobre qué?
—Sobre que el mundo está lleno de mujeres.
—Tengo trabajo que hacer —pronunció Gonzalo con frialdad—. Por eso no tengo tiempo para el tipo de relaciones que nuestro padre consideraba normal.
—Sí, es como si hubieras reaccionado a su influencia convirtiéndote en un puritano —comentó maliciosa—. Papá probablemente se sentiría avergonzado de ti.
—Eso espero, porque yo lo estoy de él. Y también espero que no se retrasen nuestros invitados.
—Me pregunto cómo será la hermana del señor Alfonso…
—Una mujer entregada a sus negocios, según él. Y se llama Carolina. Hay algo en ese nombre que me inspira confianza —se atrevió a añadir Gonzalo en un tono que le resultó extraño a su hermana.
Vicente se presentó en aquel preciso momento, luciendo una apariencia magnífica. Alto y fuerte, tenía el cabello blanco y el rostro enjuto, de ojos brillantes y vivarachos.
Segundos después sonó el timbre, y Paula abrió la puerta para encontrar a Pedro en el umbral.
—Buenas tardes, señor Alfonso.
—Buenas tardes, señorita Chaves —su tono era sorprendentemente normal, pero en sus ojos ardía un brillo de humor—. Le presento a mi hermana Carolina.
Se hizo a un lado para dejarla pasar, y un profundo silencio reinó en el vestíbulo. De unos veinticinco años, Carolina Alfonso poseía una belleza espectacular. Era casi tan alta como su hermano, un efecto que quedaba destacado por su peinado, con el cabello recogido en una trenza en lo alto de la cabeza. Lucía un vestido largo de estilo griego, ceñido bajo el busto. Gonzalo se quedó sin habla y, con los ojos brillantes, se adelantó para saludarla:
—¿Cómo está usted? —le preguntó con voz ronca.
—Muy bien, ¿y usted?
Pedro buscó la mirada cómplice de Paula y se sonrieron.
—Creo que esta velada va a ser muy especial —le comentó ella en un susurro.
—Y yo creo que ha sido un acierto haber traído a Carolina.
—¿Crees que se aburrirá con él?
—No, me temo que lo que puede ocurrir es que Carolina se lo coma vivo. Es su hobby.
—No tienes que preocuparte por Gonzalo. Es imperturbable. ¿Cómo es que tu hermana tiene esa apariencia tan magnífica?
—Porque dedica su vida a ello. Es modelo.
—Tú le dijiste a Gonzalo que se dedicaba a los negocios.
—No; le dije que se dedicaba a hacer dinero. Gana una verdadera fortuna.
—Sabes perfectamente que le diste a entender otra cosa.
—No pude evitarlo —sonrió Pedro—. Tu hermano tenía un tono tan pomposo que se me ocurrió gastarle esa pequeña broma. Siento haberte ofendido…
—Pues no lo sientas —rió Paula.
Pasaron todos al comedor. Vicente había colocado a Pedro a su izquierda, y a Paula a su derecha. Carolina tomó asiento al lado de Gonzalo, y para sorpresa de Paula, ambos no tardaron en sumergirse en una animada conversación. Y cuando dejó de observarlos y se concentró en Pedro, descubrió que lo mismo le había sucedido a él con Vicente.
—Usted no lo sabe, pero ha sido mi mentor —le estaba diciendo Pedro—. Cuando estaba estudiando en la universidad, tenía un profesor que había elegido su trayectoria como modelo a estudiar. Conocía cada negocio que usted había hecho, y los fue analizando todos.
Vicente se echó a reír, halagado. Se estaba divirtiendo mucho, y Paula podía darse cuenta de que habían congeniado bien. La conversación fue adquiriendo entonces un carácter general, y Gonzalo, contra su costumbre, contó una divertida anécdota sobre los primeros días de Paula en la empresa.
—No es justo —protestó ella, entre risas—. Ya no he vuelto a hacer ese tipo de cosas… —y contraatacó con otra anécdota sobre su hermano que hizo reír a todos.
El café y los licores fueron servidos en el patio. Gonzalo todavía seguía hablando con Carolina, que lo escuchaba muy concentrada. Y Vicente había pasado a su tema favorito: su jardín.
—Me gustaría enseñártelo, pero me siento un poquitín cansado. Pau, querida, ¿por qué no lo haces tú?
Pedro recogió su copa, y le tendió a paula la suya.
—Vamos —le dijo.
El jardín estaba iluminado con pequeños focos de variados colores, y a pesar de la oscuridad reinante, no tuvieron mayor problema en seguir el sendero entre los árboles.
—Es como un lugar encantado —fue el inesperado comentario de Pedro—. Yo también tengo un jardín, y un día me gustaría dedicarme de lleno a él. Pero por el momento es Caro quien lo cuida.
—¿Ella vive contigo?
—Más o menos. Debido a su trabajo viaja tanto que casi no le merece la pena tener una casa propia, así que utiliza un par de habitaciones de mi casa —de pronto sorprendió una mirada de Paula cargada de significado, y se apresuró a añadir—: Si estás pensando que soy el clásico hermano mayor todopoderoso y protector, olvídalo. Caro puede parecer muy delicada, pero tiene un carácter tan duro como el acero.
—Espero que se esté divirtiendo con Gonzalo…
—No lo dudes.
Siguieron paseando por el sendero hasta llegar a un pequeño estanque, largo y estrecho, atravesado por un puentecillo de madera. Paula se apoyó en la barandilla, con la mirada fija en su copa de vino, escuchando el soñoliento murmullo de los patos.
—No sé por qué, pero tengo la sensación de que Facundo Pieres ha llamado —le dijo de repente Pedro.
—Estás adivinando —repuso ella, sonriendo a su pesar.
—Esta noche pareces completamente diferente. La primera vez que nos vimos estabas tensa e incómoda. La segunda, ardías de furia. Anoche estuviste amable, pero distraída. Y ahora, estás feliz y encantadora. La razón es obvia.
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Por qué tuvo que llamar Facundo? Hubiera sido mejor que por un tiempo se olvidara de Pau, así Pedro tenía chances de conquistarla!! Muy buen capítulo!! Igual :-( porque ella va a volver con Facundo!!!
ResponderEliminarGracias! veremos... Paula esta "enamorada" de facundo... es así... esta CIEGA
EliminarQué genial este cap!!!!!
ResponderEliminarGracias Sil..!
Eliminarmuy bueno estubo enseguida le sacó la ficha jaja besos
ResponderEliminarjaja si.. Gracias!
EliminarVuelvo a recalcar: q le pasa a esta mujer q no distingue una ferrari de un fiat 600???
ResponderEliminarJAJAJAJAJAJA no se... lo mismo me preguntó
EliminarVuelvo a recalcar: q le pasa a esta mujer q no distingue a una ferrari de un fiat 600??
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