viernes, 6 de diciembre de 2013
"UNA LOCA ATRACCIÓN" CAPITULO 8
San Petersburgo brillaba con el sol de la tarde, una ciudad de colinas doradas y canales románticas, palacios llenando la ribera del río Neva, donde Pedro el Grande, un zar poderosos y un hombre extraordinario, construyó su sueño para competir con París, Venecia y Amsterdam.
Paula estaba sentada en la parte trasera de la limusina, mirando la ciudad con la que había soñado toda su vida, y pensando en la historia rusa.
Pasaron por el Palacio de invierno con estatuas verdes y blancas alineando sus paredes, columnas flanqueando cada entrada y en la placa central, una columna negra de mármol con un ángel de oro en lo alto, sujetando la cruz.
Estaba emocionada contemplando las calles, imaginando cómo sería la vida un siglo antes, cuando las bella mujeres con diamantes y pieles cruzaban en troicas los puentes nevados y los canales para encontrarse con sus amantes o asistir a bailes en el Palacio de invierno.
Debió ser una ciudad maravilosa y romántica antes de las tragedias, antes de las matanzas. Cientos de campesiones fueron disparados en esa misma plaza, justo delante del Palacio de invierno, el Domingo Sangriento, y ese acto de brutalidad llevó directamente, durante diez largos y amargos años, a la revolución que terminó para siempre con la Rusia Imperial.
- Debe resultarte maravilloso ver todo esto por primera vez- dijo Ana interrumpiendo sus pensamientos.
- Es un un sueño hecho realidad. Y la combinación de edificios comunistas e imperiales es extraña pero bella. Me pregunto como era todo cuando vivía mi bisabuela.
-¿Dónde vivía?
- Cerca de la mansión de Kchessinka. No sé dónde está , pero sé que era amiga de Kchessinka.
Ana sonrió.
- Mathilde Kchessinka era bailarina y amante del Zar antes de su matrimonio. Estoy segura de que eran buenas amigas las dos. Te ensañaré su mansión mientras estemos aquí.
- ¿Aún existe?
- La multitud la saqueó en la revolución, pero se ha conservado, y no muy lejos de aquí.
La limusina dobló una esquina y Paula sonrió al ver la catedral de San Isaac, con la cúpula de oro brillando bajo el sol, y al otro lado de la plaza con césped y flores, el Palacio de Mereyensky.
- ¡Oh, el Palacio de Mereyensky! ¡Mi abuela bailó ahí, en el Kirov!
- Le diré a pedro que te lleve una noche.
Paula se quedó boquiabierta.
- ¿Pedro ?¿Va a venir?
- Sí, ¿no te lo dijo?
- No.
- Que raro- Ana frunció el ceño- Dijo que fue a verte ayer y yo pensé que habría..
- ¿Cuándo piensa venir? - preguntó tratando de permanecer tranquila.
- No estoy segura, y él tampoco. Ha dicho que en cuanto pueda- Ana sonrió- Mi hijo no para. Siempre volando por todo el mundo comprando empresas, haciendo tratos...
Y creando problemas... pensó Paula muy pálida. iría en cuanto pudiera... Bueno , no tenía que ser un genio para saber a qué se refería.
En cuanto recibiera el informe de Martin, subiría aun avión en dirección a Rusia. Y no importaba lo que ella hiciera, no podría escapar de su determinación de hurgar en el pasado y de llevarla a la cama.
Debía evitarlo. Debía evitar estar con él a solas-
Y además tenía miedo de lo mucho que crecerían sus sentimientos por Pedro si él iba y hacían el amor en Rusia, donde ella se sentía emotiva y vulnerable,
- Bueno, ya hemos llegado- dijo Ana.
El hotel Europa brillaba con esplendor imperial.
- Estoy agotada- declaró Ana mientras entraban en el fabuloso hotel- creo que me daré un baño y luego echaré una cabezeada. Esta tarde estás libre para hacer lo que quieras.
Paula miró admirada las impresionantes columnas de mármol verde, las arañas de cristal y los empleados uniformados. Era demasiado maravilloso para ser cierto.
Subieron al ascensor y un botones les llevó sus maletas. Paula abrió más los ojos al ver la enorme suite que compartiría con Ana. Era más grande que su piso. Había dos lujosos salones, un comedor, dos dormitorios doble y dos cuartos de baño con bañeras enormes.
Ana se fue a darse un baño, y la dejó sola en el elegante salón.
Paula se acercó a las ventanas, donde las cortinas de encaje se agitaban con la brisa de esa tarde de verano, y miró a la ciudad de sus sueños, la capital de la Rusia imperial.
De nuevo sintió esa sensación de cambio...
Como si la brisa de verano le susurrara secretos en su pelo y su piel, como si ella tuviera que esta ahí y eso cambiara su vida para siempre.
Su vida llevaba estancada cuatro años estables y tranquilos. Pero el día que entró en ese ascensor y vio a Pedro corriendo hacia ella, todo empezó a cambiar, como si estuviera avanzando después de un letargo.
Y todo se debía a Pedro.
No era sólo un trabajo nuevo lo que el le había dado, sino también una ciudad de cuentos de hadas con lo que ella había soñado desde niña. Y ahí estaba, a los veintiséis años, viendo las colinas doradas de San Petersburgo gracias a un hombre.... Pedro Alfonso
¿Iría realmente a verla?
Dios la ayudara si lo hacía.
Y Dios la ayudara si no lo hacía .
Al día siguiente, Ana y ella empezaron a trabajar en serio. Dulce ya había leído la sinopsis del nuevo libro de Ana y le encantó comprobar que estaba localizado en el periodo exacto en el que su bisabuela estuvo viva y viviendo allí.
- Estoy basando la novela en la familia de los Yusopovs.- le dijo Ana durante el desayuno- ¿Has oído hablar de ellos?
Paula sonrió.
- Los Yusopovs eran la familia más rica de toda Rusia.
- ¿Es todo lo que sabes?
- Sus antepasados se remontan a la época de Pedro el Grande. Tenían minas de diamantes y yacimientos petrolíferos y uno de los Yusopovs le dio a su mujer por su cumpleaños una pequeña montaña en Crimea ¿Sigo?
Ana sonrió-
- ¿Sabes algo del príncipe Félix Yusopov?
- Mató a Rasputín en el sótano del Palacio Moika en diciembre de 1916. Le envenenó con cianuro, le dio tres tiros y finalmente le ató, le arrojó al Neva helado y le dejó ahogarse.
- Veo que lo sabes todo.
-Siempre me ha fascinado la historia rusa.
Durante los días siguientes, visitaron palacio tras palacio, incluyendo el legendario de Hemitage, construido por Catalina la Grande y parte del palacio de invierno, donde las paredes estaban repletas de obras maestras de todas partes del mundo.
El palacio de invierno era milagroso. La gran escalera brillaba con oro y columnas de mármol gris y las arañas en los pies cansados.
El jueves por la tarde, el teléfono en su suite sonó justo cuando Paula se estaba dando un masaje en los pies cansados-
Ana estaba en el baño, así que ella respondió, rodeada de bolsas de compras llenas de recuerdos-
- ¿Da?- preguntó en ruso, esperando que fuera una llamada de negocios.
- ¿Paula?
Era Pedro.
- Me halagas que hayas reconocido mi voz- dijo ella con frialdad- Aunque tampoco es sorprendente, ya que está claro que no soy tu madre.
- No, mi madre se alegraría de mi llamada.
- Obviamente no sabe cómo eres.
Pedro se rió.
- Bueno ¿estás disfrutando de San Petersburgo?
- ¿ Tú que crees? He soñado toda mi vida con venir. Me siento como si estuviera en el país de las hadas.
- ¿Has pensado en tu bisabuela?
- Claro.
- Una mujer excepcional, igual que su vida. Toda esa pasión y devoción a su príncipe, incluso después de que él la dejara, y después de que ella abandonara el país, e incluso en el lecho de su muerte.
- Si...
- Capaz de un amor obsesivo.- el terminó suavemente
Ella no pudo responder. Se imagino su rostro burlón y supo que él lo sabía todo, se había enterado de todo.
- Tengo una vieja fotografía suya en la mano... ¿ Te ha dicho alguien que eres igual ?
- ¡ Calla, Pedro!
- Eres como ella, ¿Verdad, Pau? Tanto en aspecto como en carácter. Debí haberlo sabido en cuanto te conocí. Todos esos sentimientos hirvientes, esa pasión ardiente, esperando a salir como un genio de una botella...
- ¡Calla!
- Yo siempre he querido hacer el amor con una mujer de tu pasión, y disfrutaré de mostrándotelo cuando llegue a San Petersburgo mañana por la tarde.
- ¡ Mañana!
- Estaré contigo a las tres. Estoy deseándoloo...
Y entonces colgó.
Durante un rato, Paula se quedó quieta sujetando el auricular con la mano empapada en sudor, imaginándose con su cuerpo desnudo junto al de ella.
- ¿Han llamado?- preguntó Ana apareciendo en albornoz.
- Sí- Paula la miró, muy pálida- Era Pedro. LLega mañana por la tarde.
Ana sonrió-
- Me preguntaba cuando vendría. Sabría que no tardaría mucho.
A paula no le gustó el tono con que lo dijo, ni el modo en que Ana la miró al hablar. Era como si ella supiera lo que estaba sucediendo.
Se disculpó y se marchó a su dormitorio. Se sentó en la cama y se meció de un lado al otro, intentado controlar las pasiones que hervían en su interior.
Pedro no había mencionado el informe sobre Martin, pero ella sabía que lo tenía. Sus comentarios sobre amor obsesivo se lo habían demostrado, y él había disfrutado burlándose de ella.
Y Pedro había averiguado que ella era igual que su bisabuela.
Paula , recordó a su madre, sonriéndole la semana anterior con amor y comprensión. Su madre siempre le había dicho que era igual que María Schultz, esa vibrante bailarina de un mundo olvidado. Paula creyó que era en su físico .. ¿Pero se refirió su madre sólo a eso? ¿O vio desde el principio la capacidad de su hija para la pasión?
Si era así, sin duda su madre reconoció su pasión por Martin, pero se sintió incapaz de ayudarla, ya que ella siempre había sido de carácter estable, tranquila y cariñosa, mientras que Paula era apasionada y salvaje.
Y Pedro lo sabía.
Llegó con un hora de antelación, sorprendiendo a Paula, que estaba sola en el salón, esperando su almuerzo cuando sonó el timbre.
Pensando que era el camarero, fue inocentemente a la puerta, vestida con vaqueros y una blusa de seda blanca. Casi se desmayó.
- ¡Pedro!
El sonrió. Estaba impecablemente vestido con un traje negro.
- ¡ Hola!- murmuró mirándola detenidamente- Estás más guapa de lo que recordaba. Me encanta la blusa. Me recuerda el día que entraste en mi despacho y te quitaste la ropa...
- ¡ Yo no hice eso!- Dijo ella dando media vuelta y dirigiéndose al salón.
Él la siguió, cerrando la puerta y sujetándola de un brazo.
- ¡ No me des la espalda!
- ¿Por qué no?- lo miró furiosa- Estoy aquí para trabajar, y no para entretenerte.
- ¡ Horas de interminable diversión!.- se burló- Y no lo estropees diciéndome que no te alarmó nuestra conversación de ayer.
- No me alarmó en absoluto. Soy más fuerte de lo que crees.
- Pero sé todos tus secretos.
Ella se enfureció.
- ¿Qué dijo el de mi? ¡ Dímelo! Exijo saber lo que ese cerdo de Martin...
- Esta noche podrás leerlo en mi dormitorio.
- ¡No quiero leerlo!
- Oh, pero sí quieres venir a mi dormitorio ¿verdad?- dijo mirando la subida y bajada de sus pechos.
Ella vio su mirada y antes de poder evitarlo se excitó.
Pedro la apretó contra la pared.Paula se quedó callada, mirando su pecho musculoso.
Lo deseaba tanto que no podía soportarlo
- ¿Me has echado de menos?
- No.
- Yo a ti sí.
Pedro bajó la cabeza y la besó suavemente.
- No... por favor...
- Me encantas que digas eso.
- Pero no paras ¿verdad? Nunca lo haces cuando te digo.
- No son las palabras lo que me gusta. Es el modo en que suplicas y gimes...
Con su boca, abrió la suya y ella no pudo evitar devolverle el beso, abrazándolo del cuello, metiendo los dedos en su pelo mientras sus lenguas se entrelazaban.
Paula se perdió al instante emitiendo gemidos de necesidad mientras él subía las manos a sus pechos y le acariciaba los pezones.
Pedro dejó de besarla y levantó despacio la cabeza.
Ella lo miró, con ojos extraños obsesivos, y apasionados
- A veces quiero ahogarme en tus ojos, paula, tanto como quiero ahogarme en tu cuerpo.
- Nunca lo harás. Sé que no puedo resistirme a ti, pero tendré que encontrar un modo, porque nunca dejaré que me lleves a la cama, nunca mientras viva.
- No vivirás mucho más si no lo haces.
- Oh ¿entonces me matarás?.
-Cuánto más te niegues la libertad de hacer el amor, más morirás en tu interior- Pedro le acarició sus mejillas.- No puedo soportar ver esa parte de ti que está muriendo, pau. Esa mujer apasionada, amante obsesiva... Y haré todo lo que hay en mi poder para evitar que la destroces.
Ella lo miró atónita, viendo de repente que tenía razón.
- ¿Por qué vas a hacerlo Pedro?- preguntó, rezando para que él dijera algo que la liberara, algo que necesitaba oír desesperadamente antes entregarse a un hombre.
- Porque te deseo.- contestó Pedro acariciándole de nuevo un pecho.
- ¿Entonces es sólo sexo?
- No será solo sexo con nosotros. Pero entiendo que estés asustada. Cualquier mujer lo estaría después de haber pasado por lo que tú pasaste. Si alguna vez conozco a ese cerdo de Martin, le daré un buen puñetazo en su cara de cobarde.
Paula lo miró fijamente a los ojos, incapaz de comprender lo que ababa de decir.
- No te sorprendas, Paula. Sabes que tengo el informe.
- Sí, pero no entiendo cómo lo ves como el malo de la película.
- Digamos que quedarías agradablemente sorprendida por los contenidos del informe. Pero para leerlo- la beso en los labios de nuevo .- tendrás que mantener tu cita con el destino esta noche, en mi dormitorio, cuando el sol se ponga en San Petersburgo y en tu pasado.
Cuando la boca de Pedro abrió la suya, paula se encontró incapaz de negarle el beso, ya que sus palabras le hicieron abrir los labios con placer. Y el beso fue tan fabuloso y excitante que ella no se resistió. cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás mientras subía los brazos al cuello.
La pasión volvió a nacer entre ellos.
Pedro metió las manos bajo su blusa para acariciar sus pechos desnudos, apretándola firmemente contra la pared, moviendo su cuerpo sobre el de ella, con movimientos lentos y rítmicos, haciéndola gemir...
- ¿Han llamado a la puerta...?
La voz de Ana los sobresaltó. Los dos levantaron la cabeza
Se quedaron mirándola, con los rostros enrojecidos, los ojos brillantes. Ana se quedo perpleja unos instantes, luego sonrió y se dio media vuelta, volviendo tranquilamente a su dormitorio sin decir palabra.
Pedro sacó la mano de debajo de su blusa y se rió.
- Bueno, se enteraría antes o después. Al menos eso significa que ya no tengo que esconderme para intentar seducirte.
- ¿Cómo voy a trabajar con ella?- preguntó pau mortificada.
Pedro volvió a reírse.
- No es para tanto. De todos modos, no es asunto de mi madre. Ella te ha contratado pero no es tu dueña. Y en cuanto a mi, si oigo una sola palabra de queja de sus labios , le diré que se ocupe de sus cosas. Yo hago lo que quiero en mi vida privada, Paula.
El timbre sonó con insistencia.
Los dos miraron. Ninguno lo había oído antes, por lo concentrados que habían estado en sus besos.
- Servicio de habitaciones - murmuró Pau.
Y fue a abrir, con el rostro ruborizado al darse cuenta de lo ajenos que habían estado a todo mientras bajaban más y más profundo a las peligrosas aguas del amor.
------------------------------------------------------------------------------
hola! espero que les guste el capitulo!! gracias por todos sus comentarios!! ♥
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
me encanto,buenísimo...
ResponderEliminarWow, q buen cap!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarQ reencuentro!! Estan a full estos chicos!
ResponderEliminarme encanta tu novela!!! todos los capitulos son tan intensos que quedas wowww!!! ya quiero leer el que sigue...
ResponderEliminar@nadiaa2012
woooo que capitulon me encanto
ResponderEliminar